jueves, 29 de marzo de 2012

My mision is you 3


Algo me estaba iluminando directamente a los ojos. “Mierda de ventana” pensé. Poco a poco fui abriendo los ojos, sin quererlo se me formó una sonrisa estúpida en el rostro al recordar la noche anterior.
Me giré para observar a Edward mientras dormía, pero no estaba en la cama. En su lugar me encontré una nota:
Bella, lo siento tenía que arreglar unos asuntos. Me lo pasé genial anoche, espero que tú también. Te dejo la nota porque no quiero que pienses que no me importó lo que sucedió y por eso te quiero invitar a comer. Espérame en casa de Alice a la 1 y media, tengo que llevarle unas cosas. Te veo allí.
Descansa, besos.                                 
Edward.
“Uff, no podía ser más dulce”. Y pensar que yo lo odiaba hace nada. Si alguien me hubiese dicho en la universidad que íbamos a acabar así me habría reído en su cara; sin embargo ahora no me imaginaba algo mejor que esto. Sabía que solo había sido un polvo de una noche, pero fue el mejor de los que he tenido en mi vida, y tampoco se sentía como solo una noche. Ayer experimente un gran desvelamiento para mi subconsciente, cada roce con el cuerpo de Edward me provocaba un sensación indefinible, era como si mi cuerpo y mi mente sintieran que era ahí donde quería estar, que era ahí donde debía estar. Y yo quería sentir eso otra y otra vez, casi me atrevería a decir que para siempre.
Miré la hora en el despertador de la mesilla de noche. Era más tarde de lo que esperaba, apenas tenía una hora para arreglarme e irme a casa de Alice andando. Sí, andando. Creo que no he mencionado que no tengo coche, bueno lo tenía hasta finales del pasado año. Mi preciosa “Y vieja” camioneta, dio su último suspiro en navidad. Pero en ese momento, eso no era lo que me importaba. En quince minutos me duché, me peiné y comí algo ligero, no quería perder el apetito en la comida. Y en estos momento me encontraba frente a mi armario abierto de par en par, era la primera vez que me costaba tanto decidirme sobre que ponerme. Normalmente me ponía lo primero que pillaba de un cajón, sin detenerme a ver si combinaba o no. Pero hoy era diferente, tenía una especie de cita con el hombre que me gustaba. También era verdad que Edward me veía todos los días en la oficina, puede que ya estuviera acostumbrado a mi falta de estilo, después de todo era otra característica que marcaba mi particular estilo.
Al final me decidí por unos pantalones claros y una camisa a cuadros roja y morada que no me había puesto en algún tiempo.
Tenía el tiempo contado para llegar a casa de Alice. Salí de casa con el bolso colgando de un hombro y andando deprisa con cuidado de no tropezarme, cosa que pasó bastante. Al final llegué con tiempo suficiente a casa de Alice, todavía quedaban cinco minutos para la hora que me había dicho Edward. Llamé al telefonillo de la entrada.
-¿Quién es?.- preguntó la voz de Jasper.
-Soy yo, Bella. Abre.
Seguidamente sonó  como se abría la puerta. Pasé dentro del edificio y subí hasta su piso. Alice ya me esperaba fuera de la puerta con una sonrisa de esas que dan miedo. Le devolví una sonrisa temblorosa. Pasé por la puerta junta a ella, sin aún dirigirnos la palabra. Sabía que no tardaría mucho en empezar a bombardearme con preguntas, así que lo aproveché al máximo.
-¿Y bien?.- “y ahí empezamos”.
-¿Y bien, qué?.- me hice la tonta.
-¿Cómo que qué, Bella? ¿Qué pasó anoche? Os vi besaron mientras bailabais, no me lo puedes negar, lo vi con mis propios ojos, así que no prepares ninguna escusa estúpida o intentes hacerme creer una mentira, porque no va a colar.
-No me has dejado decir nada, Alice. Y, de todas formas, no pensaba negarlo, sabes perfectamente que no sé mentir. Sí, nos besamos, ¿y qué? No es para tanto, solo son cosas que pasan.- pensé que sería mejor no decirle que nos habíamos acostado esa misma noche, sería mucho peor si lo supiera.
-Sí es para tanto, Bella. Siempre pensé que eran el uno para el otro, pero…- me perdí el resto de su monólogo.
-¿Cómo que tú siempre lo pensaste?.- la corté de repente.
-Por favor, Bella. Eran muy obvios, ambos. Quizá Edward un poco más, pero, admítelo, tú no le sacabas nunca los ojos de encima si podías. ¿Acaso no te dabas cuenta?
-No… ¿Edward me miraba?
-Como un tonto…
-Gracias por el adjetivo, hermanita.- dijo una voz que conocía muy bien. Se me subieron los colores al rostro inmediatamente, no me podía creer que hubiese tenido esa conversación delante de él. Quería esconderme, o hacerme tan chiquitita que no se me pudiese ver fácilmente.
-Dame eso, ya lo coloco yo.- dijo Alice cogiendo la caja que su hermano llevaba en las manos y guiñándole un ojo por el camino. Me quería morir.
Nos miramos a los ojos, ninguno de los dos se animaba a decir algo.
-Hola.- dije tímidamente.
-Hola, estás preciosa.-dijo con una sonrisa mientras se acercaba.
Me estrechó entre sus brazos y yo me dejé llevar, levanté mis pies para poder besarle los labios. No se negó. Nos dimos un corto pero tierno beso y seguimos abrazados.
-¿Nos vamos a comer antes de que Alice nos empiece a preguntar cosas?
-Dirás antes de que te empiece a preguntar a ti, yo ya he sufrido un pequeño interrogatorio por su parte. Pero, mejor vámonos lo antes posible.
Me cogió de la mano, y tras gritar un simple adiós desde la puerta bajamos las escaleras hacia la calle. No escuchamos a Alice gritar nuestro nombre, mejor.
Me condujo hasta un coche negro en acera de enfrente. En ese momento recordé que su coche había sido atacado la noche anterior.
-¿De quién es el coche?.- le pregunté cuando estábamos rumbo al restaurante.
-Mi padre me lo ha prestado hasta que pongan ruedas nuevas al mío. A eso he ido esta mañana, fui con mi padre a recoger el coche y luego él me dijo que cogiera el suyo. Se las apañarán con el de mi madre por un día. Cambiando de tema, ¿qué tal has amanecido? Anoche te movías mucho y murmurabas en sueños.
-Me he despertado muy cansada, puede que sea por lo que has dicho o por cómo pasamos la noche, jajaja.- ni yo me creía haber dicho eso delante de alguien, así que para que pasara desapercibido mi sonrojo, cambie de tema.- ¿Y tú cómo amaneciste?
-Genial, estaba a tu lado ¿no? ¿Qué puede haber mejor que eso?.- ahora sí que no podía pasar desapercibido mi sonrojo, un tomate era pálido comparado conmigo.- No te sonrojes, Bella. Lo digo en serio, además eres divertida mientras duermes. Hablas en sueños, cuando desperté estabas teniendo una interesante conversación con, creo, Alice, fue muy entretenido saber tus razones para no poder ir de compras a Tokio, según tú, tenías que llegar a tiempo para ser el último relevo de las Olimpiadas y si viajabas con ella no te daría tiempo a llegar a volver a Seattle, pues se celebraban aquí las Olimpiadas, fue buenísimo oírte.
-No tiene gracia, Edward. Así que no te rías.- he de admitir que en mi interior me estaba descojonando.
-Vamos, Bella, puedo ver por el rabillo del ojo que se te escapa una sonrisa.
-Tú ganas.
-Mejor, porque acabamos de llegar y no quisiera que te enfadaras conmigo en nuestra, digamos, primera cita. Si es que ayer no cuenta.
No supe que contestar a eso, así que solo sonreí y bajé del coche cuando él me abrió la puerta. Me cogió de la mano y caminamos así hasta la entrada. Era un sitio bonito, no era un lugar de esos que son demasiado finos y caros. El metre nos acompañó a nuestra mesa en una esquina del restaurante y nos dijo que enseguida nos traerían la carta.
-¿Te gusta el sitio?
-Me encanta, más si estoy contigo aquí.
-Entonces ¿te gusta más por la compañía que por el sitio en general?.- dijo, pude notar un deje de esperanza en su voz.
-Podría ser.- vi como sonreía de manera arrogante.- No te apresures, Edward, solo he dicho que puede.
-No me mientas, Bella. Sabes tan bien como yo que te encanta estar conmigo.
En ese momento una camarera nos trajo la carta, mientras miraba descaradamente a Edward.
-Hola, Edward. Cuanto tiempo sin verte.- eso sí que no me lo esperaba.
-Hola, umm… Jessica.- dijo como con tono de pregunta.
-Soy Lauren, mi amiga se llama Jessica.- y se marchó muy ofendida de allí.
Miré a Edward como pidiéndole una explicación, creo que me merecía una explicación.
-No me mires así, Bella. No sabía que ella trabajaba aquí, si lo hubiese sabido no te hubiese traído aquí, te lo aseguro.- parecía de verdad arrepentido.- Quería que esto fuera especial, para los dos, que nada fuese mal.
-No te preocupes, no es tu culpa que ella trabaje aquí. Además, creo que después de que no te acordaras de su nombre no volverá a pasar por nuestra mesa.- le dije con una sonrisa. Y funcionó para subirle el ánimo, se empezó a reír.
Miramos lo que queríamos de la carta. En seguida vino un camarero nuevo a apuntar lo que queríamos. Seguimos hablando de cosas sin sentido y trabajo hasta que nos trajeron la comida. Yo había pedido espaguetis y Edward un bistec con patatas panaderas, su plato era gigante.
-¿Vas a poder con todo eso?
-Yo puedo con todo, cariño, recuérdalo.- me guiñó un ojo, y no pude evitar sonrojarme. Y más aún con el hecho de cómo me había llamado.
Comimos un rato en silencio. Cuando terminé me quedé mirando como comía Edward, era increíble que le cupiera tanto en el estómago, antinatural.
-¿Qué?.- dijo con la boca llena, me había pillado mirándole, tragó.- ¿Pasa algo?
-No, no pasa nada. Me lo estoy pasando genial. Tenemos que salir a comer más veces juntos.
-Siempre que quieras.
Y entre pequeñas charlas terminó su plato y pedimos los postres. Pedimos una tarta de chocolate para compartir. “Umm, chocolate” . Estaba delicioso. Noté como Edward me miraba mientras comía.
-¿Tengo al en la cara?
-No, es solo… yo te quería preguntar una cosa.- dijo serio.
-¿De qué se trata?
-Yo… quería saber, ¿qué significó para ti lo de anoche?- valla, esa no me la esperaba, me tomó desprevenida. No sabía que decir.- No te preocupes no tienes por qué contestarme. Si no significó nada no te tienes que sentir presionada ni nada de eso.
-Alice tiene razón, eres tonto. Claro que significó algo para mí Edward, es solo que la pregunta me pilló de sorpresa, no pensaba que me quisieras preguntar eso justamente. Además, no creo poder describirlo con palabras, la noche pasada fue mágica… como nada que haya experimentado antes.
-Ufff, creo que eso me deja más tranquilo. Entonces, no creo que tengas problema en que te pregunte otra cosa ¿no?
-Claro que no, ¿de qué se trata esta vez?
-Verás, el caso es que para mí también fue muy especial lo de ayer. Y no quiero que esto e quede solo en una noche, Bella. Lo que yo quiero es salir a contigo de la mano, ir a cenar juntos a casa de mis padres, aguantar los reclamos de Alice por llegar tarde juntos, porque iremos juntos. Así que, ¿quieres ser mi novia, Bella? ¿Quieres que lo intentemos?
-Yo… cre-eeo que… sí.
Parecía que se me iba a salir la sonrisa de la cara. Edward se inclinó en su silla para darme un profundo beso, sujetó de las mejillas y me besó con desesperación, con ternura, con amor… era un cúmulo de sensaciones que amenazaban con desbordar mi cuerpo.
-Ejem ejem, quita tus manos de mi hermana Cullen.- arggg, en ese momento odiaba a Emmet. Nos separamos, ambos respirábamos agitadamente juntamos nuestras frentes un momento y luego nos giramos a mirar a Emmet. Estaba allí con Rose y Emma. La primera me miró con una sonrisa de suficiencia y la segunda se tiró a mi regazo al grito de: ¡Tía Bells!
-Hola, pequeña. ¿Qué hacéis aquí?.- dije esto último mirando a mi hermano.
-Venimos a pasar un día en familia. Pero todavía no hay mesas libres. Así que… por lo que veo lo estáis pasando bastante bien ¿eh?
-¡Emmet!
-¿Qué? yo solo digo lo veo, y lo que he visto es a Cullen metiéndole la lengua a mi hermanita, cuando sé perfectamente que se llevan mal desde que se conocieron. ¿Qué me he perdido?- dijo mirando a Edward.
-Pues… eeeh… ¿muchas cosas? je je.
-Eso ya lo veo, pero que sea la última vez que te veo en esas condiciones con mi hermanita, Edward.
-Emmet, ¿quieres dejarlo ya? Y, por supuesto que no verás más veces así, es lo normal.
-¿Lo normal en qué?
-Lo normal en una relación que empieza.
La cara de Emmet y Rosalie fue para una foto. Ambos abrieron la boca a la vez y se nos quedaron mirando como si no nos hubieran visto en su vida. Edward y yo nos empezamos a reír, mientras que Emma nos miraba a los cuatro sin entender nada.
Pedimos la cuenta y nos fuimos del restaurante despidiéndonos de unos Emmet y Rose casi en estado de shock. Hoy fue un día bonito, esperaba que lo que me esperaba fuese aún mejor. Lo que si tenía por segura era que tendría que enfrentarme a Alice antes de lo esperado, en cuanto Rose saliera de su sorpresa sería la primera a la que llamaría, así tendré que aprovechar mi tiempo a solas con Edward al máximo.
-¿A dónde quieres que vallamos ahora?.- me preguntó.
-Me da igual, solo a un lugar donde Alice no nos pueda encontrar fácilmente, quiero disfrutar lo que queda de día sin sus insistentes preguntas. Ya se las contestaré mañana, pero hoy no tengo ganas.
-Conozco el lugar perfecto, hasta podemos ir andando si quieres.
-Vale, me apetece andar un rato, fuimos dados de la mano por las calles. El restaurante estaba cerca del centro así que pasamos por los sitios más concurridos de la ciudad. Me condujo por calles estrechas y al final llegamos a un hermoso parque, era muy pequeño y estaba como escondido. Tan solo había un par de personas, que como nosotros, buscaba tranquilidad.
-Ven.- tiró de mi hasta quedar bajo un árbol a sentarnos. Apoyé mi cabeza sobre su pecho mientras estaba sentada entre su piernas.
-Esto es muy bonito, ¿cómo lo encontraste?
-Pura casualidad.- parecía que no iba a darme más explicaciones por ahora. Nos sumimos en el silencio.
Empezó a besarme la nuca y el cuello, de repente empezó a hacer más calor de lo que debería. Se me escapó un gemido bajo. Lo sentí apretarse contra mí, de hecho lo pude sentir en todo su esplendor.
-Para, Edward. Aquí hay otras personas. Es un lugar público.
-Pues vámonos a mi casa. Es la que más cerca está.
Nos levantamos rápido y volvimos aún más rápido donde estaba el coche.
Creo que el final de nuestro día iba a ser magnífico.

PERO ESO LO TEDREIS QUE VER EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO.
GRACIAS POR LEERME.
COMENTEN!!!



Sueños. Ya estoy aquí!


¡¡¡YA ESTOY AQUÍ!!!

Miraba por la ventanilla del coche rumbo a Forks, todo aquí era de lo más raro para mí, acostumbrada al sol de el centro de España esto parecía deprimente, se parecía más a al norte, donde al pasar por un túnel te encontrabas con que al otro lado había una vegetación verde y exuberante. Aunque lo de aquí era pasarse, era como si todo estuviese iluminado por una luz fosforescente de esas que te hacen ver las cosas de otros colores y no puedes percibir como son en realidad. Parece que Alice se dio cuenta de mi desconcierto porque me pregunto:
-Esto es diferente a tu país ¿verdad?
-No te lo puedes ni imaginar, donde yo vivo no hay verde por ninguna parte, todo es árido; aunque tampoco todo es árido, dado que vivo en el centro de una cuidad, asique prácticamente todo es asfaltado.
-Bueno pues espero que esto te guste, porque es lo que veras en un año, puede que dos si decides quedarte hasta terminar tus estudios de secundaria.
-Eso es lo que tenía pensado y además ya me ofrecieron una beca para los años que me quedan.
-¡Eso es genial! Tengo que enseñarte todo esto en cuanto lleguemos, te encantará Forks, no es el pueblo más concurrido del mundo pero es bonito- recalcó Alice con efusividad.
-Ten cuidado antes de aceptar su propuesta puedes morir al salir con Alice, te lo digo por experiencia; y no se te ocurra aceptar salir de compras con ella... eso si que es mortal- dijo Edward con cara de susto mientras le hacía burla a su hermana, la cual le sacó la lengua.
-No le hagas caso Bella es que es un blandengue.
-¿Blandengue? Estuvimos siete horas dando vueltas de tienda en tienda y encima te tuve que llevar las bolsas, eso es más bien ser un superviviente.
-Eso no te lo crees no tu, te apuesto algo a que no eres capaz de aguantarlo otra vez- le retó Alice.
-Esta vez no voy a caer, no pienso apostar nada porque no pienso ir de comparas contigo otra vez.
-Ves lo que yo decía Bella, un blandengue.
-¡Que no soy un blandengue!
-Niños, dejadlo ya vais a asustar a Bella, además ya casi llegamos.
Estaba tan metida en la su riña tan tonta, que no me di cuenta que a lo lejos se podía divisar la silueta de un pueblo delineada por las primeras horas de la mañana. 
Estaba muy nerviosa, ¡por fin había llegado!, no me lo podía creer iba a ver mi sueño hecho realidad en tan solo unos minutos. Hice nota mentalmente de llamar a mi primo para decirle que había llegado en cuanto me acomodara en donde se supone que debería alojar. Me dijeron que debería vivir con una familia de Forks, no me dijeron su nombre porque aun no lo sabían con exactitud pero en cuanto llegara me lo confirmarían.
Ya estábamos entrando a Forks y Alice me iba señalando cada lugar que había por las calles, que a decir verdad eran muy pocos, esto era una miga comparado con Madrid, donde te encontrabas un bar, una tienda y un hotel en cada esquina, todo ello rodeado de pisos.
-Bueno Bella ¿dónde tenemos que llevarte?- me pregunto el padre de Alice y Edward, Carlisle.
-Me dijeron que en cuanto llegara me dirigiera a la Escuela de Arte, allí me dirían donde me quedaría.
-De acuerdo pues allá vamos.
Cruzamos todo el pueblo y salimos a una carretera mal asfaltada  que se alejaba del pueblo. No tardamos mucho en llegar, puede que unos cinco minutos en esa carretera y ya se veía la Escuela de Arte en todo su esplendor. Era un edificio antiguo de cuatro plantas, se notaba que era amplio y daba aspecto de acogedor. En la fachada había un balcón, puede que fuese una casa antes que escuela, y ventanales muy amplios que dejaban entre ver el interior de unos pasillos anchos u alguna que otra escalera. A la entrada había un aparcamiento con tan solo unos pocos coches cerca de la entrada al edificio. Los Carlisle aparcó el coche y nos bajamos, yo seguía embobada mirando el edificio con los ojos como platos. 
Salieron un par de personas de dentro del edificio y les presté atención, eran un hombre y una mujer; el hombre era corpulento y con una más que notable barriga que tensaba su traje de ralla diplomática, tenía una cálida sonrisa en su rostro. Su cabello era negro, y aunque no tenía canas se le notaba el inicio de unas entradas. La mujer por su parte era bastante bajita y su color de pelo, granate, era muy poco natural; vestía una falda negra sencilla que le marcaba la figura y una rebeca naranja. Los dos se apresuraron a nosotros.
-Hola Isabella, veo que has conocido a los Cullen, ¿cómo es eso Carlisle?
-Edward la conoció en el avión y la invitamos a venir con nosotros a al saber que se dirigía a Forks.
-Muy bien, bueno Isabella...
-Llámeme mejor Bella por favor-repliqué.
-De acuerdo, Bella, ahora tienes que venir conmigo, ¡oh! perdón no me he presentado, soy Vincent Lair, el director de esta Escuela de Arte, y ella es Amelie Flaubert, tu futura profesora de dibujo. Bueno como te iba diciendo tienes que pasar a rellanar unos informes para completar tu documentación y en unos momentos llagarán los Hale, te quedarás con ellos este tiempo, son una familia muy amable estoy seguro de que te agradarán.
-Gracias-dije tímidamente.
-Bueno, adiós Bella ya no veremos, Rosalie y Jasper Hale son nuestros amigos, asique supongo que nos veremos de seguido- me dijo Alice con una sonrisa, yo al menos me alegraba de que Alice los conociera, me caía muy bien y me hubiese dado pena verla solo en la escuela.
-Me alegro, así al menos veremos.
-Adiós Bella, pásate por nuestra casa cuando quieras- dijo Edward antes de que Alice pudiera decir nada más y me dio un abrazo, durante ese momento se me desconectó totalmente la mente.
-Adiós cariño, y suerte. 
Fui vagamente consciente de la despedida de Esme y Carlisle. Yo solo sonreí y seguí al director dentro del edificio.

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Sueños. Presentaciones


PRESENTACIONES

Cuando salía del avión no pude evitar que un sentimiento de añoranza me embargara. Nunca había estado en otro país, y menos sola, lo que se traduce "sin mi primo". El siempre me había cuidado desde que era pequeña y no estaba segura de que no verle se me iba a hacer duro, pero no hay compensaciones sin sacrificios,¿no?. Yo sacrificaba su infinita protección por una beca de arte, le llamaría todas las semanas, o al menos eso era lo que le había prometido al despedirme de él en el aeropuerto. Juraría que había visto una lágrima caer por su mejilla, pero mi primo nunca había llorado, ni siquiera cuando nos llevaron al orfanato y nos querían separar, el solo agachó la cabeza dijo "no", una simple palabra por la que le he admirado durante todo este tiempo, el siempre había sido fuerte por los dos y ahora tendría que serlo por mi misma. Por otra parte me sentía feliz de poder hacer realidad uno de mis muchos sueños. Sabía que con el tiempo me acomodaría a ello, pero al principio me iba a doler un poco. 
Estaba divagando en mis pensamientos mientras esperaba a que pasaran mis maletas, y estaba tan concentrada que ni me enteré de que las maletas pasaban delante de mis narices. Cuando reaccioné las maletas se alejaban de mí y yo iba corriendo tras ellas arrasando lo que pillaba a mi paso, gente, maletas,... Hasta que de repente estaba persiguiendo la nada y miraba confundida a mi alrededor. Y ahí lo vi, detrás de mí, riéndose a carcajadas y sosteniendo en sus manos mis maletas, lo miré ceñuda e intentó contener la risa, con nefastos resultados. La risa le quedaba bien a su rostro y aunque sabía que debía estar enfadad por reírse de mí no podía recordarlo con mucha claridad.
-Lo siento, pero tenía que evitar que mataras a alguien en tu arrolladora persecución.
-Puedes reírte de mí, mucha gente lo hace, por uno más en la lista no va a pasar nada.
-Lo siento, yo... solo... quería a...ayudarte con las maletas- dijo con una media sonrisa y cara de pena-¿me perdonas?
-De echo creo que hasta te agradezco que hayas cogido las maletas, yo nunca las habría alcanzado con tanta gente por en medio, y puede que hasta hubiese muerto en el intento- reí intentando quitarle importancia al asunto.
-De verdad siento haberme reído de ti.
-No tiene importancia...
Nos quedamos en un silencio incómodo mientras atravesábamos juntos las puertas de la zona donde se recogían las maletas. Le lanzaba de vez en cuando una mirada intentando que no se me notara. Cuando sonrió a alguien que tenía frente a él, y salió corriendo hacia una chica bajita que lo recibió con los brazos abiertos y le apretó fuertemente. Yo me acerqué lentamente para no interrumpir el reencuentro, cuando también se acercó una pareja sonriendo, a la mujer se le saltaron unas pocas lágrimas cuando lo abrazó. Me quedé en silencio mirando la escena a un par de metros cuando Edward se giró hacia mí y me hizo una seña para que me acercase. 
-Bella, te quiero presentar a mi familia. Mis padres Esme y Carlisle y mi hermana Alice.
-Encanta- intenté decir con voz temblorosa.
-Lo mismo digo querida, pero... ¿quién eres exactamente?
-Me llamo Isabella Swan...
Pero no pude continuar hablando porque la hermana de Edward, Alice, gritó y me atrapó en un abrazo.
-Asique tu eres Isabella, en la escuela de arte nos han hablado de ti. Dijeron que venías hoy pero no tenía ni idea de que cocieras a Edward, ¿os conocisteis en España?, y tu ¿por qué no me dijiste que habías conocido a una chica?
-Acabo de conocer a Bella, Alice, se sentó a mi lado en el avión y cuando empezamos a hablar me dijo que iba a ir a estudiar a Forks.
-Ammmm, y ¿por qué no me lo has dicho antes?
-Mejor déjalo Alice.
Yo los miraba un poco confundida, y Esme se devió de dar cuenta porque me dijo:
-Tranquila cariño, Alice es así todo el tiempo.
Solo pude asentir ligeramente, y pensar en como iba a llegar a Forks desde Port Angeles. Hasta que pensé que podía llegar en autobús.
-¿Sabéis cuando sale, y desde donde, el próximo autobús hacia Forks?
-¿Cómo puedes pensar siquiera que te voy a dejar ir sola en un autobús a Forks cuando puedes ir con nosotros?-me dijo Edawrd fingiendo un enfado.
-No quiero molestar, prefiero en autobús.
-No nos molesta que vengas con nosotros Bella, tenemos sitio de sobra en el coche para ti y tus maletas-replicó Carlisle con una sonrisa.
Ante eso solo me quedó aceptar su amabilidad y dirigirme con ellos hacia el aparcamiento.
Me senté entre Edward y Alice en el asiento trasero de un Mercedes negro y muy amplio.
Mire por la ventana el camino que me llevaría a mi nueva vida.

Para siempre.


 Ya todo había pasado, por fin podían ser libre. Libres de tener que huir siempre. Libres del miedo. Libres para llorar a sus caídos. Libres de la guerra. Libres. Una sola palabra que representaba algo tan grande. Sin embargo, había una persona que no se sentía así.
Harry Potter se encontraba tumbado en su antigua cama con doseles, podía escuchar la respiración de sus compañeros de cuarto, o al menos de los que se encontraban allí. Solo Dean y Neville había subido al cuarto a descansar, no sabía dónde estaba Ron, probablemente con su familia, pensaba, o con Hermione. Estaba cansado, sentía como si su cuerpo pesara tres veces más de lo que era. Pero no podía dormir, miraba el techo de la habitación imaginando figuras con las sombras que se formaban con los rayos de sol que se colaban a través de las rendijas de la ventana. Y pensaba, llevaba todo el rato dándole vueltas al mismo asunto, siempre lo mismo. Era su culpa, por su culpa los Weasley ya no volverían a ver Fred gastar una de sus bromas, por su culpa Colin no volvería a seguirle con su cámara, por su culpa Teddy no tendría a sus padres. Y se preguntaba si podría haber hecho algo, si tan solo se hubiera entregado antes o las cosas hubieran sucedido de otra manera, todo por su culpa, todo por haber sido un egoísta y no haber pensado en los demás cuando decidió ir a Hogwarts. Todo eso le carcomía la conciencia, incluso si sus amigos le habían dicho que nada era culpa suya, que él solo había ayudado a terminar la guerra, que era un héroe, que ninguna de las muertes era su culpa, no podía creerles.
Harto de estar tumbado sin hacer nada decidió levantarse y dar un paseo por el lugar que siempre consideró su hogar. Había pasillos por los que no se podía pasar debido a los escombros, otros tenían trozos de pared derrumbados. Ya no era el mismo Hogwarts de antes. Sin darse cuenta, llegó ante las puertas del Gran Comedor. Se debatió entre entrar o no, pues dentro se oían voces y tenía miedo de lo que se pudiera encontrar tras esas puertas. Pero no le dio tiempo a decidirse cuando las puertas se abrieron mostrando los rostros de sus dos mejores amigos. Ron y Hermione venían de la mano, y se estaban diciéndose algo al oído.
-Ho… ejem… Hola.- dijo con la voz ronca Harry.  Estar tanto rato sin hablar le había dejado la garganta seca.
Ron y Hermione se sobresaltaron al oír a Harry. Y se giraron para dirigirse hacia él.
-Hola, Harry. Pensábamos que seguías durmiendo, nosotros nos íbamos ya a descansar, mañana por la mañana empezarán con la reconstrucción y queremos estar descansados para ayudar.- dijo Hermione por los dos.
-Yo, creo que me iré a dar una vuelta por los jardines.
Ron miró mal a Harry, y este al darse cuenta se sintió culpable.
-No, Harry. Lo que vas a hacer va a ser entrar ahí dentro y hablar con alguien a quien debes una explicación, ¿no crees?, no puedes desaparecer por tanto tiempo y ni siquiera decir hola. Eso no está bien, Harry.- le reprochó Ron.
-Yo… no sé ni cómo mirarla a la cara sin sentir que me odia. No sé porqué tú no me odias, Ron. Deberías hacerlo, yo tengo la culpa de todo.
-Escúchame bien, Harry, porque solo te lo diré una vez. Tú no tienes la culpa. Y si no me crees pasa ahí dentro y compruébalo por ti mismo. Vamos, Hermione.- dijo arrastrando a Hermione de la mano en dirección a las escaleras de mármol.
Y Harry se encontró de nuevo solo, mirando las puertas de roble, con una batalla en su cabeza. Decidió ser valiente y enfrentarse a lo que fuese que le esperaba para así no vivir en la incertidumbre más.
Abrió las puertas lentamente, no quedaba mucha gente ya. Solo algunos familiares que se congregaban alrededor velando a sus seres queridos perdidos durante la batalla. Localizó a los Weasley sentados en una mesa, pero no estaban todos, pudo reconocer a George agachado frente al cuerpo de su hermano gemelo. Se le partía el alma al verlo así, el siempre feliz George, era como sí le hubiesen extirpado la chispa que tanto le caracterizaba, a él y a su hermano.
Decidió darle su espacio, y se dirigió hacia donde el resto de su familia se congregaba. Se detuvo detrás de ellos, sin saber que paso dar después. Una cabeza se giró percatándose de su presencia, le miró directo en los ojos, con sus profundos ojos color chocolate, más bellos de lo que podía haber recordado y también con más dolor que nunca. Y de pronto, Harry recordó la única razón que le quedaba para ser feliz, la razón por la que no se había dado por vencido cuando sentía que no podía más y solo quería irse a su casa, dejar de luchar, dejar que otro se encargara de lo que él tenía que hacer. Pero solo pensar en la razón de su más absoluta felicidad le hacía sentirse orgulloso de sí mismo por no haber dejado de luchar.
Ginny se despegó del hombro de su madre sin mover sus ojos de los de Harry, como si se estuvieran atrayendo hacia un imán. Se levantó y caminó a paso lento hasta llegar al lado de Harry, se quedaron frente a frente, sin decir una palabra. Y, entonces fue como si una chispa los hiciera explotar a ambos. Se lanzaron a los brazos del otro como si de una necesidad vital se tratara. Se sujetaban con fuerza para no dejarse ir otra vez, nunca más.
-Lo siento, Ginny, lo siento tanto. Perdóname, por favor, perdóname.
-No tengo nada que perdonarte, Harry. Tú no tienes la culpa de nada, pero no vuelvas a hacerte el muerto nunca más.
-Te lo prometo.- dijo Harry. Aliviado al fin de la culpa que le carcomía. Por fin estaba junto a lo que más le importaba.
Y justo como al comienzo de toda su historia, sin poder detenerse a sí mismo la besó. Iniciaron un beso desesperado, ansiosos por estar cerca el uno del otro, por demostrarse su amor.
-Ejem, ejem.- carraspeó alguien, y Harry y Ginny se separaron abruptamente ante la inquisidora mirada del señor Weasley.
Harry no esperaba tener que lidiar con su suegro tan pronto, pero le daba igual mientras Ginny estuviera a su lado. Le apretó la mano y dieron un paso a delante a la vez dispuestos a escuchar todo lo que el señor Weasley les quisiera decir. Juntos para siempre.

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miércoles, 28 de marzo de 2012

SOL DE MEDIANOCHE CAP 3: FENÓMENO


Verdaderamente, no tenía sed, pero decidí ir a cazar de nuevo en la noche. Una pequeña pizca de prevención, inadecuada, pero debía hacerlo.
Carlisle me acompañó; no habíamos estado solos desde que volví de Denali. Mientras corríamos por el negro bosque, lo escuché pensando sobre el precipitado adiós de la semana pasada.
En su memoria, vi cómo mis expectativas se habían desmoronado convirtiéndose en una fiera desesperanza. Sentí su sorpresa y su repentina preocupación.
“¿Edward?”
“Debo irme, Carlisle. Debo irme ahora.”
“¿Qué ha sucedido?”
“Nada. Aún. Pero pasará, si me quedo aquí.”
Me tomó del brazo. Sentí cómo herí sus sentimientos cuando me escapé de su mano.
“No lo entiendo.”
“Alguna vez haz ...ha habido alguna vez en que...”
Me miré a mi mismo respirar profundo, vi la luz salvaje en mis ojos a través del filtro de su profunda preocupación.
“¿Alguna vez, alguna persona ha olido mejor para tí, que el resto? ¿Mucho mejor?”
“Oh.”
Cuando me dí cuenta que él había entendido, mi rostro se cayó a pedazos de la pura vergüenza. Me alcanzó de nuevo para tocarme, ignorando cuando traté de arrancarme de nuevo, y su mano izquierda se posó en mi hombro.
“ Haz lo que tengas que hacer para resistir, hijo. Te extrañaré mucho. Ten, toma mi auto. Es más rápido.”
Él se estaba preguntando ahora si estaba haciendo lo correcto, dejando que me marchara. Preguntándose si acaso me había herido con su falta de confianza en mí.
- No.- Susurré mientras corría. - Eso era lo que necesitaba. Pude haber traicionado tan fácilmente esa confianza, si me hubieras pedido que me quedara. -
- Siento mucho que estés sufriendo, Edward. Pero debes hacer lo que puedas para mantener viva a la chica Swan. Incluso si eso significa que debes dejarnos de nuevo. -
- Lo sé, lo sé. -
- ¿Por qué volviste? Tú sabes lo feliz que soy teniéndote aquí, pero si esto es muy difícil... -
- No me gusta sentirme como un cobarde – Admití.
Nos retrasamos---estaba comenzando a oscurecerse.
-Mejor eso a ponerla en peligro. Ella se irá en un año o dos. -
- Tienes razón, ya sé eso. - Por el contrario, sus palabras sólo me hicieron sentir más ansioso de quedarme. Ella ya no estaría aquí en un año o dos...
Carlisle paró de correr y yo me detuve con él; se volteó para examinar mi expresión.
Pero no irás a escapar, ¿verdad?
Moví mi cabeza de un lado a otro.
¿Es orgullo, Edward? No hay nada vergonzoso en---
- No, no es orgullo lo que me mantiene aquí. No ahora.
¿No tienes a dónde ir?
Solté una carcajada corta. - No. Eso no me detendría, si yo quisiera irme.
- Nosotros iremos contigo, por supuesto, si eso es lo que necesitas. Sólo tienes que pedirlo. Tú has seguido adelante sin quejarte de nosotros. Nadie se enojará contigo.
Levanté una ceja.
Él se rió. - Sí, puede que Rosalie se enoje, pero ella te lo debe. De todas formas, es mucho mejor para todos que nos vayamos ahora, sin hacer daño alguno, que irnos después, luego de que una vida haya llegado a su fin. - Todo el humor se desvaneció.
Me estremecí a sus palabras.
- Sí. - Asentí. Mi voz sonó ronca.
¿Pero no te irás?
Suspiré. - Debería.-
- ¿Qué te detiene aquí, Edward? No logro ver... -
- No sé si pueda explicarlo. - Incluso para mí mismo, no tenía ningún sentido.
Él midió mi expresión por un largo momento.
No, no logro verlo. Pero respetaré tu privacidad, si así lo prefieres.
- Gracias. Es muy generoso de tu parte, teniendo en cuenta que yo no le doy privacidad a nadie. - Con una excepción. Y estaba haciendo todo lo posible para privarla de eso, ¿verdad?
Todos tenemos nuestros caprichos. Se rió de nuevo. ¿Nos vamos?
Justo en ese momento el había captado la esencia de una pequeña manada de ciervos.
Era difícil mostrar mucho entusiasmo, incluso bajo las mejores circunstancias, por un aroma que apenas abría el apetito. En estos momentos, con la memoria de la sangre de esa chica, fresca en mi mente, el olor revolvió mi estómago.
Suspiré. - Vamos – Asentí, incluso sabiendo que forzando más sangre bajar por mi garganta iba a ayudar muy poco.
Ambos cambiamos a una posición de ataque y dejamos que la poca apetente esencia nos guiara silenciosamente hacia adelante.
Estaba más helado cuando regresamos a casa. La nieve derretida se había vuelto a congelar; era como si una delgada capa de vidrio lo cubriera todo---cada rama de los pinos, cada hoja de helecho, cada lámina de hierba estaba cubierta de hielo.
Cuando Carlisle fue a vestirse para su próximo turno en el hospital, me quedé junto al río, esperando a que saliera el sol. Me sentí casi hinchado por la cantidad de sangre que había consumido, pero sabía que la actual carencia de sed significaría muy poco cuando me sentara al lado de la chica otra vez.
Helado y sin expresión como una roca, me senté, mirando la negra agua correr al lado de la congelada orilla, mirando fijamente a través de ella.
Carlisle tenía razón. Yo debería irme de Forks. Ellos inventarían una historia para explicar mi ausencia. Que me cambié de instituto a Europa. O fui a visitar a unos parientes.
Rebeldía adolescente. La historia no importaba. A nadie le importaría mucho.
Era sólo por un año o dos, y la chica ya no estaría. Se habría ido y hubiera continuado con su vida---ella tendría una vida con la cual seguir. Iría a la Universidad en algún lugar, envejecería, comenzaría una carrera, quizá se casaría con alguien. Podía imaginar eso---podía verla vestida toda de blanco y caminando con paso cuidadoso, su brazo enlazado con el de su padre.
Era incómodo, el dolor que esa imagen me causó. No lo podía entender. ¿Acaso estaba celoso, porque ella tenía un futuro que yo nunca podría tener? Eso no tenía sentido. Cada uno de los humanos a mi alrededor tenían esa misma oportunidad---una vida---y yo raramente me detuve a envidiarlos.
Debería permitirle tener su futuro. Parar de arriesgar su vida. Eso era lo correcto.
Carlisle siempre elegía el camino correcto. Debería escucharlo.
El sol apareció entre las nubes, y la débil luz hizo brillar todo el césped congelado.
Un día más, decidí. Sólo la vería una vez más. Podía soportar eso. Quizá mencionaría mi pendiente ausencia, construir la historia.
Esto iba a ser difícil; podía sentir eso en el fuerte desgano que me causaba sólo el pensar en las excusas para quedarme---para extender el límite a dos días, tres, cuatro... Pero yo haría lo correcto. Sabía que podía confiar en el consejo de Carlisle. Y también sabía que estaba demasiado confundido para tomar esta decisión sólo por mi cuenta.
Demasiado confundido. ¿Cuánto de este desgano provenía de mi obsesiva curiosidad, y cuánto provenía de mi insatisfecho apetito?
Entre a la casa para cambiarme de ropa para ir al instituto.
Alice me estaba esperando, sentada en el último escalón a la orilla del tercer piso.
Te vas de nuevo, me acusó.
Suspiré y moví la cabeza.
No puedo ver a dónde vas esta vez.
- Aún no sé a dónde voy. - Susurré.
Quiero que te quedes.
Negué con la cabeza.
Tal vez Jazz y yo podríamos ir contigo ...?
- Son más necesarios aquí, si yo no estoy para protegerlos. Y piensa en Esme. ¿Le quitarás la mitad de su familia en un abrir y cerrar de ojos?.-
La vas a poner muy triste.
- Lo sé. Es por eso que ustedes deben quedarse.-
No es lo mismo si tu no estás aquí, y tu lo sabes.
- Sí. Pero debo hacer lo que es correcto.-
Hay muchas maneras correctas, y muchas incorrectas, ¿o no?
Por un breve momento ella se introdujo dentro de una de sus extrañas visiones;
observé a lo largo de las imágenes poco definidas que parpadeaban rápidamente. Me ví a mi mismo mezclado con extrañas sombras que no podía entender---nubladas, imprecisas formas.
Y de pronto, repentinamente, mi piel estaba destellando en la brillante luz del sol en una pequeña pradera abierta. Este era un lugar que conocía. Había una figura en la pradera conmigo, pero, otra vez, era poco definida, no podía reconocerla. Las imágenes temblaron y desaparecieron como un millón de pequeños cambios en mi futuro de nuevo.
- No entendí mucho de eso, - le dije cuando la visión se puso oscura.
Yo tampoco. Tu futuro está cambiando tanto que no puedo llevarle el ritmo.
Creo, que...
Se detuvo, y me llevó por una extensa colección de sus otras recientes visiones. Todas eran iguales---borrosas y vagas.
- Creo que algo está cambiando. - me dijo en voz alta. - Tu vida parece estar en una encrucijada.-
Mi risa fue severa. - ¿Te das cuenta que estás sonando como un gitano farsante en un carnaval, verdad?-
Me sacó su pequeña lengua.
- Hoy está todo bien, ¿o no? - pregunté, mi voz sonó abruptamente aprehensiva.
- Hoy no te veo matando a nadie. - me aseguró.
- Gracias, Alice.-
- Ve a vestirte. Yo no diré nada---te dejaré decirle a los demás cuando estés listo.-
Se puso de pie y bajó las escaleras, sus hombros se encogieron levemente.
Te extrañaré, de verdad.
Sí, yo también la extrañaré mucho.
El camino al instituto estuvo muy tranquilo. Jasper sabía que Alice estaba molesta con algo, pero él sabía que si ella quería hablar acerca de aquello ya lo hubiera hecho. Emmett y
Rosalie estaban completamente ajenos a lo que estaba sucediendo, teniendo otro de sus momentos, mirando dentro de los ojos del otro con curiosidad---era molesto mirarlos desde fuera. Todos sabíamos cuán desesperadamente enamorados estaban. O tal vez me estaba volviendo amargado porque era el único que estaba sólo. Algunos días era más difíciles que otros vivir con tres perfectamente correspondidos amantes. Este era uno de esos días.
Quizás ellos serían más felices sin mí merodeando por ahí, con mi mal temperamento y comportándome como el viejo que debería ser a estas alturas.
Por supuesto, lo primero que hice al llegar al instituto fue buscarla a ella. Sólo para prepararme.
Correcto.
Era vergonzoso cómo mi mundo de repente parecía estar vacío de todo, menos de ella---toda mi existencia centrada a su alrededor, más que en el mío.
Era lo suficientemente fácil entender, realmente; después de ochenta años de lo mismo todos los días y todas las noches, cualquier cambio se volvía un punto de absorción.
Ella aún no llegaba, pero podía oír los ensordecedores ruidos del motor de la camioneta a la distancia. Me apoyé en un lado del auto a esperar. Alice se quedó conmigo, mientras los demás se fueron directo a clases. Estaban aburridos por mi fijación---era incomprensible para ellos cómo un humano podía mantenerme interesado por tanto tiempo, sin importar cuán bien olía.
La chica condujo lentamente hasta entrar en mi vista, sus ojos intensamente centrados en la carretera y sus manos firmemente apretadas al volante. Parecía ansiosa por algo. Me tomó un segundo darme cuenta de qué se trataba, dado que todos traían la misma cara el día de hoy. Ah, la carretera estaba cubierta de hielo, y todos estaban tratando de conducir con más cuidado. Podía ver que ella se taba tomando este nuevo riesgo muy seriamente.
Eso parecía estar en la lista de lo poco que había aprendido sobre su personalidad. Lo agregué a mi pequeña lista: era una persona seria, una persona responsable.
Estacionó no muy lejos de mí, pero no había notado que estaba parado aquí, mirándola.
Me pregunto ¿qué haría ella cuando me viera? ¿Ruborizarse y alejarse de mí?
Esa fue mi primera teoría. Pero tal vez me miraría también. Quizá se acercaría a hablarme.
Respiré profundamente, llenando mis pulmones esperanzado, sólo por si acaso.
Ella salió de su camioneta con cuidado, probando el resbaladizo piso antes de poner todo su peso en él. No miró hacia arriba, y eso me frustró mucho. A lo mejor yo podría ir a hablarle...
No, eso no estaría bien.
En vez de girar hacia el instituto, caminó alrededor de su camioneta, afirmándose en todo momento de ésta para no caerse, sin confiar en sus pasos. Me hizo sonreír, y sentí los ojos de Alice en mi rostro. No escuché nada de lo ésta pudo haber estado pensando---me
estaba divirtiendo mucho mirando a la chica revisar sus cadenas para la nieve en los neumáticos. Ella de verdad pensaba que podía caerse, por la forma en que sus pasos se movían. Nadie más tenía problemas---¿acaso había estacionado en la peor parte?
Se detuvo allí, mirando abajo con una extraña expresión en su rostro. ¿Era...ternura?
¿Como si algo en las cadenas la...emocionara?
De nuevo, la curiosidad quemó como la sed. Era como si tuviera que saber qué estaba pensando---como si nada más importara.
Iría a hablar con ella. De todas formas, parecía como si necesitara una mano, al menos hasta que saliera del peligroso pavimento. Por supuesto, no podía ofrecerlo eso, ¿o si? Vacilé, atormentado. Si no le gustaba la nieve, mucho menos iba a agradecer si la tocaba con mis manos congeladas. Debí haberme puesto guantes---
- ¡NO! - Alice jadeó muy fuerte.
Al instante, escaneé sus pensamientos, pensando al principio que yo había tomado una mala decisión y ella me había visto hacer algo horrible. Pero no tenía que ver nada conmigo. Tyler Crowley había decidido tomar la curva hacia el aparcamiento a una imprudente
velocidad. Esta decisión lo llevaría a patinar a través de un parche de hielo...
La visión vino sólo medio segundo antes que la realidad. La furgoneta de Tyler tomó la curva como si aún estuviera viendo la conclusión que había sacado ese jadeo en Alice.
No, esta visión no tenía nada que ver conmigo, pero aún así, tenía que ver todo conmigo, porque la furgoneta de Tyler---las cadenas ahora golpeaban el hielo en el peor ángulo posible---iba a dar vueltas a través del aparcamiento y atropellar a la chica quien se había convertido en la inevitable razón de todo mi mundo.
Incluso sin la visión de Alice hubiera sido simple adivinar la trayectoria del vehículo, volando fuera del control de Tyler.
La chica, parada exactamente en el lugar equivocado, en la parte trasera de su camioneta, miró al frente, desconcertada por el sonido de los neumáticos a través del suelo.
Miró directamente a mi expresión de horror, y luego volteó para mirar su muerte aproximándose.
¡Ella no! Las palabras dispararon en mi cabeza como si pertenecieran a alguien más.
Aún mirando los pensamientos de Alice, vi que la visión repentinamente cambió, pero no tenía tiempo para ver en qué terminaba todo.
Me lancé a través del aparcamiento, introduciéndome entre la furgoneta y la atónita chica. Me moví tan rápido que todo era un borrón por el objeto de mi foco. Ella no me vió--- ningún ojo humano podría haber seguido mi trayectoria---aún miraba a la increíble forma que estaba a punto de aplastar su cuerpo contra la carrocería de metal de su camioneta.
La tomé por la cintura, moviéndome con demasiada urgencia para ser tan gentil como ella hubiese querido que lo fuera. En la centésima de segundo que me tomó sacar su liviana figura fuera del camino de la muerte y el tiempo en que choqué contra el suelo con ella en mis brazos, ya estaba vívidamente enterado de su frágil y rompible cuerpo.
Cuando escuché su cabeza chocar contra el hielo, sentí como si yo también me congelara.
Pero ni siquiera tuve un segundo completo para asistir su condición. Escuché la furgoneta detrás de nosotros, chirriando mientras daba una vuelta alrededor del robusto cuerpo de acero de su camioneta. Estaba cambiando su curso, formando arcos, viniendo por ella otra vez---como si ella fuera un imán, atrayéndolo hacia nosotros.
Una palabra que nunca hubiera dicho en frente de una dama, se escapó entre mis dientes.
Ya había hecho mucho. Cuando casi volé a través del aire para sacarla del camino, estaba absolutamente consciente del error que estaba cometiendo. El saber que era un error no me detuvo, pero no era totalmente ignorante sobre el riesgo que estaba tomando--- tomando, no sólo por mí, sino para toda mi familia.
Exposición.
Y esto ciertamente no iba a ayudar, pero de ninguna forma iba a permitir que la urgoneta lograra quitarle la vida en este segundo intento.
La dejé caer y lancé mis manos hacia afuera, deteniendo la furgoneta antes de que pudiera tocar a la chica. La fuerza me empujó hacia atrás dentro del lugar de estacionamiento al lado de su camioneta, y pude sentir su carrocería doblarse detrás de mis hombros. La furgoneta chocó contra el irrompible obstáculo de mis brazos, se volcó, y luego se balanceó inestablemente en sus dos neumáticos derechos.
Si movía mi mano, la parte tracera de la furgoneta iba a caer en sus piernas.
Oh, por el amor de todo lo sagrado, ¿acaso la catástrofe no terminaría nunca? ¿Existía algo más que pudiera ir mal? Difícilmente me podía sentar aquí, sosteniendo la furgoneta en el aire, esperando algún rescate. Ni podía lanzarla lejos---debía considerar al conductor, sus pensamientos eran incoherentes con el pánico.
Con un gruñido interno, empujé la furgoneta para que oscilara lejos de nosotros por un instante. Cuando caía sobre mi, la sujeté por debajo de la carrocería con mi mano derecha mientras enroscaba mi brazo izquierdo en la cintura de la chica de nuevo y la arrojaba fuera de debajo de la furgoneta, apretándola fuertemente hacia mi costado. Su cuerpo se movió mientras la balanceaba alrededor para que sus piernas quedaran libres de ningún peligro--- ¿estaba consciente? ¿Cuánto daño le había causado en mi improvisado intento de rescate?
Dejé caer la furgoneta, ahora que no podía hacerle daño a ella. Chocó contra el pavimento y todas las ventanas se rompieron al unísono.
Sabía que estaba en medio de una crisis. ¿Cuánto había visto ella? ¿Habían otros testigos que me vieron materializarme a su lado y luego detener la furgoneta mientras trataba de mantenerla fuera del alcance de la chica? Estas preguntas deberían ser mi mayor preocupación.
Pero estaba demasiado ansioso para realmente preocuparme sobre la amenaza de exponernos como debería. Demasiado asustado de que podía haberla herido en mi esfuerzo
por protegerla. Demasiado asustado de tenerla tan cerca de mí, sabiendo cómo olería si me permitía inhalar. Demasiado consciente del calor de su suave cuerpo, presionado contra el mío---incluso a través de ambos obstáculos de nuestras chaquetas, podía sentir ese calor...
El primer miedo fue el mayor. Mientras los gritos de los testigos hacían erupción alrededor nuestro, la bajé para examinar su rostro, para ver si estaba consciente---esperando fieramente que no estuviera sangrando por alguna herida.
Sus ojos estaban abiertos, mirando en estado de shock.
- ¿Bella? - pregunté desesperado. - ¿Cómo estás? -
- Estoy bien.- Dijo las palabras automáticamente en una deslumbrada voz.
Alivio, tan exquisito que casi dolió, recorrió mi cuerpo al sonido de su voz. Respiré por entre mis dientes, y no me importó el acompañamiento ardiente en mi garganta. Casi lo agradecía.
Ella trato de ponerse de pie, pero yo no estaba listo para soltarla. Se sentía de alguna manera...¿seguro? Mejor, al menos, al tenerla a mi lado.
- Ve con cuidado.- Le advertí. - Creo que te has dado un buen porrazo en la cabeza.-
No había en ningún lado olor a sangre fresca---un milagro---pero esto no descartaba algún daño interno. Estaba abruptamente ansioso de llevarla con Carlisle y a un completo equipamiento de radiología.
- ¡Ay!.- dejo, su tono cómicamente se sorprendió al darse cuenta que tenía razón sobre su cabeza.
- Tal y como pensaba....- El alivio me alegró, me puso casi vertiginoso.
- ¿Cómo demo...?.- Su voz se apagó, y sus párpados revolotearon. - ¿Cómo llegaste aquí tan rápido?.-
El alivio se tornó amargo, y el humor se desvaneció. Ella había notado demasiado.
Ahora que estaba seguro de que la chica estaba en perfectas condiciones, la ansiedad por mi familia se volvió severa.
- Estaba a tu lado, Bella.- Sabía por mi experiencia que si era muy convincente al mentir, cualquiera que preguntara estaría cada vez menos seguro de la verdad.
Se sacudió de nuevo, y esta vez la solté. Necesitaba respirar para actuar mi papel correctamente. Necesitaba espacio entre su calor sanguíneo y yo, lo más lejos posible en elpequeño espacio entre los maltratados vehículos.
Ella me miró, y yo a ella. El mirar a otro lado primero que ella, fue un error que sólo un mentiroso incompetente hubiera cometido, y yo no era un mentiroso incompetente. Mi expresión era lisa, benigna... Parecía confundirla. Eso era bueno.
El escenario del accidente ahora estaba rodeado. Mayormente por estudiantes, niños, mirando fijamente y empujándose a través de los restos para ver si había algún cuerpo destrozado. Había un balbuceo de gritos y chorro de pensamientos en shock. Escaneé los pensamientos una vez que estaba seguro que no había alguna sospecha, y luego los dejé de escuchar concentrándome sólo en la chica.
Estaba distraída por la que se armó. Miró alrededor, su expresión todavía estaba atontada, y trató de ponerse de pie.
Puse mi mano suavemente en su hombro para mantenerla donde estaba.
- Quédate ahí por ahora.- Ella parecía estar bien, ¿pero debería estar moviendo su cuello? De nuevo, deseé estar con Carlisle. Mis años de estudios médicos teóricos no se comparaban con sus siglos de práctica.
- Pero hace frío.- Objetó.
Había estado casi al borde de morir aplastada, dos veces, casi quedó lisiada una vez, y a ella lo que le preocupaba era el frío. Me reí entre dientes antes de recordar que la situación no era para nada graciosa. Bella parpadeó, y luego sus ojos se enfocaron en mi rostro.
- Estabas allí, lejos – Eso me puso serio otra vez.
Ella miró hacia el sur, pero no había nada que mirar ahí ahora, sólo el arrugado costado  de la furgoneta. - Te encontrabas al lado de tu coche.-
- No, no es cierto.-
- Te ví. - Insistió; su voz sonaba muy infantil cuando se ponía obstinada. Su barbilla sobresalió un poco.
- Bella, estaba contigo, a tu lado, y te quité de en medio.- Miré profundamente a sus ojos abiertos de par en par, tratando de que ella aceptara mi versión---la única versión racional en la mesa. Su mandíbula se tensó. - No.-
Traté de mantenerme calmado, sin entrar en pánico. Si sólo la pudiera mantener callada sólo por unos momentos, para darme una oportunidad de destruir la evidencia...e invalidar su historia con la excusa de su golpe en la cabeza.
¿No debería ser fácil mantener a esta silenciosa, reservada chica, callada? Si solo ella confiara en mí, sólo por un momento...
- Por favor, Bella – Le dije, y mi voz sonó muy intensa, porque de pronto quería que ella confiara en mí. Lo quería de verdad, y no solo por respeto, después del accidente. Un estúpido deseo. ¿Qué sentido tenía el que ella confiara en mi?
- ¿Por qué?.- preguntó, todavía a la defensiva.
- Confía en mi.- le rogué.
- ¿Prometes explicármelo todo después? -
Me enojó mucho tener que mentirle otra vez, cuando deseaba por todos los medios poder merecerme su confianza. Así que, cuando le respondí, fue una réplica.
- Muy bien.-
- Muy bien.- repitió en el mismo tono de recriminación.
Cuando el rescate comenzó a acercarse a nosotros---llegaron adultos, autoridades,
sirenas en la distancia---traté de ignorarla y poner mis prioridades en orden. Busqué en todas
las mentes en el aparcamiento, los testigos y los que venían llegando tarde, pero no encontré
nada peligroso. Muchos estaban sorprendidos de verme aquí al lado de Bella, pero todos
concluían---como si no hubiera otra posible conclusión---que sólo no habían notado que estaba
junto a ella antes del accidente.
Ella era la única que no aceptaba tan fácilmente esa explicación, pero consideraría al
menos a los confiables testigos. Ella estaba asustada, traumatizada, sin mencionar el fuerte
golpe en su cabeza. Posiblemente en shock. Sería aceptable para su historia que estuviera
confundida, ¿cierto? Nadie le daría mucha importancia en contra de muchos otros
espectadores...
Hice una mueca de dolor cuando escuché los pensamientos de Rosalie, Jasper y
Emmett, justamente llegando a la escena. Ellos me harían pagar un infierno por esto, esta
noche.
Quería borrar la marca que hicieron mis hombros contra el oscuro auto, pero la chica
estaba muy cerca. Tendría que esperar hasta que se distrajera.
Era frustrante esperar---con tantos ojos encima de mi---mientras los humanos luchaban
con la furgoneta, tratando de empujarla lejos de nosotros. Los hubiera ayudado, solo para
apurar el proceso, pero ya estaba en suficientes problemas y la chica me sostenía la mirada.
Finalmente, pudieron rotarla lo suficientemente lejos para que los EMTs (sigla de Emergency Medical Technician / Técnicos Médicos de Emergencia) llegaran a nosotros con sus camillas.
Una familiar, tristona cara me examinó.
- Hola, Edward – Brett Warner me saludó. Él era un enfermero registrado, y lo conocía bien, del hospital donde trabaja Carlisle. Fue un golpe de suerte---el único en el día de hoy--- que él fuera el primero en llegar hasta nosotros. En sus pensamientos, no había nada que no fuera alerta y calma. - ¿Estás bien, chico? -
- Perfectamente, Brett. Nada me tocó. Pero me temo que Bella podría tener una contusión. Se pegó muy fuerte en la cabeza cuando la quité del camino... -
Brett puso su atención en la chica, quien me lanzó una fiera mirada de traición. Oh, era cierto. Ella sí era el mártir silencioso---prefería sufrir en silencio.
No contradijo mi historia inmediatamente, y esto me hizo sentir más tranquilo.
El próximo EMT trató de insistir de que les permitiera examinarme, pero no era demasiado difícil persuadirlo. Prometí que dejaría que mi padre me examinara, y él se rindió.
Como la mayoría de los humanos, hablando con tranquila seguridad, era todo lo que se necesitaba. La mayoría, pero no esta chica, por supuesto. ¿Acaso encajaba en alguno de los patrones normales?
Mientras le ponían un collarín---y su rostro se enrojeció de la vergüenza---aproveché el momento de distracción para arreglar, sigilosamente, la forma de la abolladura en el auto con la parte trasera de mi pie. Sólo mis hermanos notaron lo que estaba haciendo, y escuché la promesa mental de Emmett de arreglar cualquier cosa que se me pasara por alto.
Agradecido por su ayuda---y más agradecido aún de que Emmett, al fin, haya perdonado mi peligrosa elección---ahora estaba más relajado mientras subía al asiento delantero de la ambulancia, al lado de Brett.
El jefe de policía llegó antes de que metieran a Bella dentro de la parte trasera de la ambulancia.
Los pensamientos del padre de Bella eran palabras del pasado, el pánico y preocupación emanando de la mente del hombre ahogaban a cualquier otro pensamiento en el lugar. Muda ansiedad y culpa, una gran inflación de ellos, salieron de él como si sólo pudiera ver a su única hija en el lugar.
Emanaron de él y a través de mi, haciendo eco, creciendo más fuertes. Cuando Alice me había advertido que matando a la hija de Charlie Swan lo mataría a él también, ella no estaba exagerando.
Mi cabeza se arqueó con esa culpa mientras escuchaba su voz en pánico.
- ¡Bella! - gritó.
- Estoy perfectamente, Char---papá. - Suspiró. - No me pasa nada. -
Su seguridad apenas calmó su pavor. Se volteó inmediatamente al EMT más cercano y demandó más información.
No fue hasta que lo escuché hablar, formando oraciones perfectamente coherentes desafiando su pánico, que me di cuenta que su ansiedad y preocupación no eran mudas. Yo solo...no podía escuchar sus palabras exactas.
Hmm. Charlie Swan no era tan silencioso como su hija, pero podía ver ahora de dónde lo había heredado ella. Interesante.
Yo nunca había pasado mucho tiempo alrededor del Jefe de Policía de la ciudad.
Siempre lo tomé por un hombre de pensamientos lentos---ahora me doy cuenta que yo era el lento. Sus pensamientos eran parcialmente encubiertos, no ausentes. Sólo podía sacar el tenor, el tono de ellos... Quería escuchar con mayor esfuerzo, para ver si podía encontrar en este nuevo, menor rompecabezas la llave para los secretos de la chica. Pero Bella fue cargada dentro de la ambulancia para ese entonces, y la ambulancia ya estaba en camino.
Era difícil alejarme de esta posible solución al misterio que me ha obsesionado. Pero tenía que pensar ahora---mirar qué había hecho hoy día desde todos los ángulos. Tenía que escuchar, para asegurarme de que no nos había puesto en demasiado peligro en que tuviéramos que irnos inmediatamente. Tenía que concentrarme.
No había nada en los pensamientos de los EMTs que me preocuparan. Lo más que podían decir, era que la chica no tenía nada serio. Y Bella se estaba apegando a la historia que le había dado, hasta ahora.
La primera prioridad, cuando llegáramos al hospital, era ver a Carlisle. Me apuré a través de las puertas automáticas, pero era incapaz de renunciar totalmente de cuidar a Bella; mantuve un ojo en ella a través de los pensamientos de los paramédicos.
Fue fácil encontrar la familiar mente de mi padre. Él estaba en su pequeña oficina, totalmente solo---el segundo golpe de suerte en este maldito día.
- Carlisle.-
Escuchó mi aproximación, y quedó alarmado al momento en que vió mi rostro. De un salto se puso de pie, su piel palideciendo al blanco de un hueso. Se inclinó hacia adelante a través del, cuidadosamente organizado, escritorio.
Edward---tu no---
- No, no, no es eso. -
Respiró profundo. Por supuesto que no. Siento mucho haber considerado el pensamiento. Tu ojos, por supuesto, debí haberlo sabido... Él notó con alivio que mis ojos aún eran dorados.
- De todas maneras, ella está herida, Carlisle, probablemente nada serio, pero... -
- ¿Qué fue lo que ocurrió? -
- Un estúpido accidente automovilístico. Ella estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Pero no podía sólo quedarme ahí---dejar que la aplastara... -
Comienza de nuevo, no estoy entendiendo. ¿Cómo estuviste tú involucrado en todo esto?
- Una furgoneta patinó sobre el hielo, - susurré. Miré a la muralla detrás de él mientras hablaba. En vez de una multitud de diplomas enmarcados, él tenía una simple pintura al óleo---una de sus favoritas, un aún no descubierto Hassam. - Ella estaba en el camino. Alice lo vió venir, pero no había tiempo de hacer nada más que realmente correr a través del aparcamiento quitarla de en medio. Nadie lo notó...excepto ella. Tenía que detener la furgoneta, también, pero otra vez, nadie vió eso...excepto ella. Yo...lo siento mucho Carlisle.
No quise ponernos a todos en peligro.-
Rodeó el escritorio y puso su mano en mi hombro.
Hiciste lo correcto. Y no debió ser fácil para tí. Estoy orgulloso de tí, Edward.
Ahora podía mirarlo a los ojos. - Ella sabe que hay algo...raro conmigo.-
- Eso no importa. Si nos tenemos que ir, nos iremos. ¿Qué ha dicho ella?-
Moví mi cabeza, un poco frustrado. - Nada aún.-
¿Aún?
- Ella estuvo de acuerdo con mi versión de los hechos---pero está esperando una
explicación.-
Él frunció el ceño, considerando esto.
- Se golpeó la cabeza---bueno, en realidad yo le golpeé la cabeza,- continué
rápidamente. - La golpeé contra el piso bastante fuerte. Ella parece estar bien, pero... No creo que cueste mucho desacreditar su historia.-
Me sentí un delincuente al decir esas palabras.
Carlisle oyó el hastío en mi voz. Quizá eso no será necesario. Veamos qué pasa, ¿vamos? Suena como que tengo un paciente que atender.
- Por favor.- le dije. - Estoy tan preocupado de que la haya herido. -
La expresión de Carlisle se aclaró. Sacudió su rubio cabello---sólo unos tonos más
claros que ojos dorados---y se rió.
Ha sido un día interesante para ti, ¿verdad? En su mente, podía ver la ironía, y era gracioso, al menos para él. Como si los roles se hubieran invertido. En algún lugar durante ese corto silencioso segundo cuando me lancé a través del congelado pavimento, me había transformado de asesino a protector.
Me reí con él, recordando la seguridad que tenía de que Bella jamás necesitaría protección de nada más que de mí. Había un límite para mi risa porque, con furgoneta o sin furgoneta, eso era totalmente verdad.
Esperé solo en la oficina de Carlisle---una de las horas más largas que había vivido---
escuchando el hospital lleno de pensamientos.
Tyler Crowley, el conductor de la furgoneta, parecía estar herido peor que Bella, y la atención a él mientras ella esperada su turno para que le tomaran radiografías. Carlisle se mantuvo en el fondo, confiando en el diagnóstico de los exámenes, que la chica solo estaba levemente lastimada. Esto me puso ansioso, pero sabía que él tenía razón. Un sola mirada a su rostro y ella estaría inmediatamente recordándome, en el hecho de que había algo raro conmigo y mi familia, y eso podía hacerla hablar.
Ella ciertamente tenía suficientes compañeros para conversar. Tyler estaba consumido por la culpa, ya que casi la había matado, y no parecía que iba a callarse. Podía ver su expresión a través de los ojos de Tyler, y estaba claro que ella deseaba que el se callara.
¿Cómo el no podía ver eso?
Hubo un momento muy tenso para mí cuando Tyler le preguntó cómo había salido fuera del camino.
Esperé, sin respirar, mientras ella vacilaba.
- Pues... - La oyó decir. Entonces hizo una pausa tan larga que Tyler pensó si la había
confundido con su pregunta. Finalmente, continuó. - Edward me empujó para apartarme de la
trayectoria de la furgoneta.-
Exhalé. Y entonces mi respiración se agitó. Nunca antes la había escuchado decir mi
nombre. Me gustó como sonó---incluso escuchándolo a través de los pensamientos de Tyler.
Quería escucharlo por mí mismo...
- Edward Cullen,- ella dijo, cuando Tyler parecía confuso respecto a lo que ella se refería. Me encontré a mi mismo en la puerta, con mi mano en la perilla. El deseo de verla se estaba haciendo cada vez más fuerte. Me tenía que auto recordar la necesidad de precaución.
- Estaba a mi lado.-
- ¿Cullen? Huh. Eso es raro. - No lo vi... Podría jurar... - ¡Vaya, todo ocurrió muy deprisa! ¿Está bien?-
- Supongo que sí. Anda por aquí cerca, pero a él no le obligaron a utilizar una camilla.-
Ví la pensativa mirada en su rostro, la sospecha ajustándose en sus ojos, pero estos pequeños cambios en su expresión no eran perceptibles para Tyler.
Es bonita, él estaba pensando, casi con sorpresa. Incluso toda desarreglada. No es de mi gusto común, aún así... Debería invitarla a salir. Arreglar lo de hoy...
Yo estaba en el pasillo, a mitad de camino de la sala de emergencias, sin pensar por un segundo en lo que estaba haciendo. Por suerte, la enfermera entró en la habitación antes de que yo pudiera---era el turno de Bella para los rayos X. Me apoyé contra la pared en un oscuro rincón justo a la vuelta de la esquina, y traté de mantener la compostura mientras ella se alejaba rodando en la silla de ruedas.
No importaba que Tyler pensara que era bonita. Cualquiera podía notar eso. No había ninguna razón para que me sintiera...¿cómo me sentía? ¿Molesto? ¿O era rabia lo que se acercaba a la verdad? Esto no tenía sentido para nada.
Me quedé donde estaba por el mayor tiempo que pude, pero la impaciencia me ganó y tomé un camino que iba por detrás de la sala de radiología. Ya la habían trasladado de nuevo a la sala de emergencias, pero podía echar una mirada a sus radiografías mientras la enfermera estaba de espaldas.
Me sentí más calmado cuando los ví. Su cabeza estaba bien. No la había herido, no realmente.
Carlisle me atrapó allí.
Te ves mejor, comentó.
Miré directo al frente. No estábamos solos, los pasillos estaban llenos de camilleros y visitas.
Ah, sí. Pegó las radiografías a la pizarra iluminada, pero no necesitaba una segunda mirada. Ya veo. Ella está absolutamente bien. Bien hecho, Edward.
El sonido de la aprobación de mi padre crearon una mezcla de reacciones en mí. Me hubiera puesto contento, excepto porque sabía que él no aprobaría lo que estaba a punto de hacer ahora. Al menos, no lo aprobaría si conociera mis reales motivaciones...
- Creo que iré a hablar con ella---antes de que te vea.- Murmuré bajo mi respiración.
- Actúa natural, como si nada hubiera pasado. Suaviza las cosas. - Todas eran razones
aceptables.
Carlisle cabeceó ausentemente, aún mirando las radiografías. - Buena idea. Hmm. - Miré para ver qué había aumentado su interés.
¡Mira todas esas contusiones curadas! ¿Cuántas veces la habrá dejado caer su madre?
Carlisle rió pasa sí mismo por su broma.
- Estoy comenzando a pensar que la chica solo tiene realmente mala suerte. Siempre en el lugar equivocado y en el momento equivocado. -
Forks es ciertamente el lugar equivocado para ella, contigo aquí.
Me estremecí.
Vamos, vé. Suaviza las cosas un poco. Yo te acompañaré en un momento.
Caminé rápidamente, sintiéndome culpable. Quizá era muy buen mentiroso, si podía
engañar a Carlisle.
Cuando llegué a la sala de emergencias, Tyler estaba murmurando bajo su aliento, aún disculpándose. La chica estaba tratando de escapar a su remordimiento pretendiendo dormir.
Sus ojos estaban cerrados, pero su respiración no estaba acompasada, y de vez en cuando tamborileaba sus dedos impacientemente.
Miré su rostro por un largo momento. Esta sería la última vez que la vería. Este hecho accionó un agudo dolor en mi pecho. ¿Era porque no quería irme dejando un rompecabezas sin resolver? Eso no parecía una explicación muy convincente.
Finalmente, respiré profundo y entré.
Cuando Tyler me vió, comenzó a hablar, pero puse un dedo en mis labios.
- ¿Estará durmiendo? - Murmuré.
Los ojos de Bella se abrieron y se enfocaron en mi rostro. Se abrieron de par en par por un momento, y entonces se achicaron de cólera y sospecha. Recordé que tenía que interpretar un papel, así que le sonreí como si nada inusual hubiera ocurrido esta mañana---aparte de un golpe a su cabeza y un poquito de imaginación.
- Oye, Edward, - dijo Tyler. - lo siento mucho... -
Levanté una mano para detener su disculpa, - No hay culpa sin sangre. - Dije irónicamente. Sin pensar, también sonreí abiertamente a mi broma privada.
Fue asombrosamente fácil ignorar a Tyler, acostado a no más de un metro y medio de mí, cubierto en sangre fresca. Nunca comprendí cómo Carlisle podía hacer esto---ignorar la sangre de sus pacientes para poder tratarlos. ¿Acaso la constante tentación no lo distraía, no era peligroso...? Pero, ahora...podía ver cómo, si te enfocabas en algo mucho más fuerte, la tentación no significaba nada. Incluso fresca y expuesta, la sangre de Tyler no era nada comparada con la Bella.
Mantuve mi distancia de ella, sentándome a los pies de la camilla de Tyler.
- ¿Bueno, cuál es el diagnóstico?- le pregunté.
Su labio inferior sobresalió un poco. - No me pasa nada, pero no me dejan marcharme.
¿Por qué no te han atado a una camilla como a nosotros?.- Su impaciencia me hizo sonreír de nuevo. Podía oír a Carlisle en el pasillo.
- Tengo enchufe – dije ligeramente. - Pero no te preocupes, voy a liberarte.-
Observé su reacción cuidadosamente mientras mi padre entraba en la habitación. Sus ojos se abrieron un poco más y su boca de verdad se abrió completamente en sorpresa. Gruñí internamente. Sí, ella ciertamente había notado el parecido.
- Bueno, señorita Swan, ¿cómo se encuentra? - preguntó Carlisle. Tenía una grandiosa habilidad para tranquilizar a sus pacientes. No podría decir cómo afectó esto a Bella.
- Estoy bien.- ella dijo tranquilamente.
Carlisle puso sus radiografías en la pizarra iluminada al lado de la cama. - Las radiografías son buenas. ¿Le duele la cabeza? Edward me ha dicho que se dió un golpe bastante fuerte.-
Ella suspiró, y luego dijo, - Estoy bien.- de nuevo, pero esta vez con impaciencia.
Entonces miró en mi dirección.
Carlisle se acercó a ella y recorrió gentilmente sus dedos sobre cuero cabelludo hasta que encontró el golpe bajo su cabello.
Me atacó una ola de emociones que me encontraron con la guardia baja.
Había visto a Carlisle trabajar con humanos cientos de veces. Años atrás, yo lo había asisto informalmente---sólo en situaciones dónde la sangre no estuviera implicada. Así que no era cosa nueva para mi, mirarlo interactuar con la chica como si él mismo fuera humano como ella. Muchas veces había envidiado su control, pero eso no era lo mismo que sentía en este momento. Envidiaba mucho más que su control. Sufría por la diferencia entre Carlisle y yo--- que él pudiera tocarla tan gentilmente, sin miedo, sabiendo que él nunca le haría daño...
Ella hizo una mueca de dolor, y yo me revolví en mi asiento. Tenía que concentrarme por un momento para mantener mi postura relajada.
- ¿Le duele?.- le preguntó Carlisle.
Su barbilla se movió una fracción. - No mucho.- dijo ella.
Otra pequeña pieza de su personalidad cayó en su lugar: era valiente. No le gustaba demostrar debilidad.
Posiblemente la más vulnerable criatura que había visto jamás, y ella no quería parecer débil. Una risita se escapó entre mis labios.
Me lanzó una mirada fulminante.
- De acuerdo – dijo Carlisle. - Su padre se encuentra en la sala de espera. Se puede ir a casa con él, pero debe regresar rápidamente si siente mareos o algún trastorno de visión.-
¿Su padre estaba aquí? Pasé a través de los pensamientos de la multitud de la sala de espera, pero no podía encontrar su sutil voz mental fuera del grupo antes de que ella hablara de nuevo, con su rostro ansioso.
- ¿No puedo ir a la escuela?.-
- Hoy debería tomarse las cosas con calma.- sugirió Carlisle.
Sus ojos volvieron a fijarse en mí. ¿Puede él ir a la escuela?.-
Actúa normal, suaviza las cosas...ignora lo que se siente cuando ella me mira a los ojos...
- Alguien debe darles la buena nueva de que hemos sobrevivido.- le dije.
- En realidad,- Carlisle corrigió, - parece que la mayoría de los estudiantes están en la sala de esperas.
Esta vez anticipé su reacción---su aversión por la atención. No se decepcionó.
- ¡Oh, no!.- gimió, y se cubrió el rostro con las manos.
Me gustó haber adivinado bien esta vez. Estaba comenzando a entenderla...
- ¿Quiere quedarse aquí? - preguntó Carlisle.
- ¡No, no!.- dijo rápidamente, al tiempo en que sacaba sus piernas por el borde de la camilla y se levantaba con prisa poniendo sus pies en el piso. Se tambaleó hacia adelante, a los brazos de Carlisle. Él la atrapó y la estabilizó.
De nuevo, la envidia recorrió mi cuerpo.
- Me encuentro bien.- dijo ella antes de que Carlisle pudiera decir algo, y sus mejillas se sonrojaron con un hermoso rosado.
Por supuesto, eso no molestaría a Carlisle. Se aseguró que estuviera estable, y luego la soltó.
- Tome unas pastillas de Tylenol contra el dolor.- el sugirió.
- No me duele mucho.-
Carlisle sonrió mientras firmaba sus papeles. - Parece que ha tenido muchísima suerte.-
Ella se volteó lentamente, para lanzarme una fulminante mirada.- La suerte fue que Edward estuviera a mi lado.-
- Ah, sí, bueno – Carlisle agregó rápidamente, escuchando lo mismo que escuché yo en su voz. Ella no creía que su sospecha fuera producto de su imaginación. No todavía.
Toda tuya, pensó Carlisle. Maneja esto como creas que es mejor.
- Muchas gracias.- susurré, quieto y tranquilo. Ningún humano podría oírme. Los labios de Carlisle formaron una pequeña sonrisa al entender mi sarcasmo, mientras se volvía hacia Tyler. - Lamento decirle que usted se va a tener que quedar con nosotros un poquito más.- dijo, mientras comenzaba a examinarlo.
Bueno, yo causé esto, así que era justo que yo tuviera que arreglarlo. Bella caminó deliberadamente hacia mí, sin detenerse hasta que estuviera incómodamente cerca. Recordé cómo había deseado, antes de todo el desastre, que ella se acercara a mi... Esto era como una burla a ese deseo.
- ¿Puedo hablar contigo un momento? - me silbó en un susurró.
Su cálido aliento rasguñó mi rostro y tuve que retroceder un paso. Su petición no había disminuido ni un poco. Cada vez que ella estaba cerca de mí, gatillaba todos mis peores, urgentes instintos. El veneno llenó mi boca y mi cuerpo anhelaba atacar---de tomarla entre mis brazos y romper su garganta con mis dientes.
Mi mente era más fuerte que mi cuerpo, pero sólo un poco.
- Tu padre te espera.- le recordé, con la mandíbula tensa.
Ella miró hacia Carlisle y Tyler. Tyler no nos prestaba atención, pero Carlisle estaba monitoreando cada respiro.
Con cuidado, Edward.
- Quiero hablar contigo a solas, si no te importa.- me insistió en una baja voz.
Quería decirle que no me importaba en lo absoluto, pero sabía que tendría que hacer esto. Mejor sería que empezara de una vez.
Estaba lleno de tantas emociones conflictivas mientras salía de la habitación, escuchando sus pasos detrás de mi, tratando de ir a mi ritmo.
Tenía un show que presentar. Sabía que el papel que representaría---tenía el personaje más bajo: sería el villano. Mentiría, y ridiculizaría y sería muy cruel.
Fuí en contra de todos mis mejores impulsos---los impulsos humanos a los que me aferré todos estos años. Nunca quise merecer confianza más que en este momento, cuando debía destruir toda posibilidad de merecerla.
Todo era peor al saber que este sería el último recuerdo que ella tendría de mi. Esta era mi escena de despedida.
Me volví hacia ella.
- ¿Qué quieres? - pregunté molesto.
Se encogió y retrocedió a mi hostilidad. Sus ojos se tornaron desconcertados, la expresión que me había hechizado...
- Me debes una explicación.- me dijo en una pequeña voz; su cara de marfil palideció.
Era muy difícil mantener mi voz áspera. - Te salve la vida. No te debo nada.-
Ella parpadeó---quemaba como ácido el ver cómo la herían mis palabras.
- Me lo prometiste.- susurró.
- Bella, te diste un fuerte golpe en la cabeza, no sabes de qué hablas.-
Su barbilla se tensó. - No me pasaba nada en la cabeza.-
Estaba enojada de nuevo, y eso lo hizo todo más fácil. Le respondí su mirada, poniendo
mi rostro menos amigable. - ¿Qué quieres de mi, Bella? -
- Quiero saber la verdad. Quiero saber por qué miento por ti.
Lo que ella quería era absolutamente justo---me frustraba tener que negárselo.
- ¿Qué crees que pasó?.- Casi le gruñí.
Sus palabras salieron torrencialmente. - Todo lo que sé es que no estabas cerca de mi, en absoluto, y Tyler tampoco te vió, de modo que no me vengas con eso de que me he dado un golpe muy fuerte en la cabeza. La furgoneta iba a matarnos, pero no lo hizo. Tus manos dejaron abolladuras tanto en la carrocería de la furgoneta como en el coche marrón, pero haz
salido ileso. Y luego la sujetaste cuando me iba a aplastar las piernas... -
De pronto, juntó sus dientes y de sus ojos comenzaron a aparecer unas indeseadas lágrimas.
La miré, con una expresión burlona, pues todo lo que sentía era en realidad temor; ellalo había visto todo.
- ¿Crees que aparté a pulso una furgoneta?.- le pregunté sarcásticamente.
Me respondió con un cabeceo hacia adelante.
Mi voz se hizo más burlona. - Nadie te va a creer, ya lo sabes.-
Ella se esforzó para controlar su rabia. Cuando me respondió, habló cada palabra con
deliberada lentitud. - No se lo voy a decir a nadie.-
Era verdad---podía ver eso en sus ojos. Incluso furiosa y traicionada, ella guardaría mi secreto.
¿Por qué?
El shock que me causó su respuesta me arruinó mi cuidadosamente designada expresión por medio segundo, y luego me recompuse.
- Entonces, ¿qué importa?.- pregunté, tratando de mantener mi voz severa.
- Me importa a mí.- me dijo intensamente. - No me gusta mentir, por eso quiero tener un buen motivo para hacerlo.-
Me estaba pidiendo que confiara en ella. Igual que yo quería que ella confiara en mí.
Pero esta era una línea que yo no podía cruzar.
Mi voz se mantuvo cruel. - ¿Es que no me lo puedes agradecer y punto? -
- Gracias.- me dijo casi echando humo, esperando.
- No vas a dejarlo correr, ¿verdad?.-
- No.-
- En tal caso...- No podía decirle la verdad aunque quisiera...y no quería. Prefería que ella se armara su propia historia a que supiera lo que soy, porque nada podía ser peor que la verdad---yo era una pesadilla viviente, sacado de las páginas de una novela de terror. - espero que disfrutes de la decepción.-
Nos miramos mutuamente con el ceño fruncido. Era incómodo lo atractivo que resultaba ser su enojo. Como un gatito furioso, suave y desprotegido, y tan inconsciente de su vulnerabilidad.
Se ruborizó y juntó sus dientes de nuevo. - ¿Por qué te molestaste en salvarme? -
Su pregunta no era algo que estuviera esperando, preparado para responder. Perdí el hilo en el papel que estaba representando. Sentí cómo la máscara se caía de mi rostro, y le
dije---esta vez---la verdad.
- No lo sé.-
Memoricé su rostro una vez más---aún estaba enojada, la sangre aún no se había desvanecido de sus mejillas---y entonces me di vuelta y me alejé de ella.