¡¡¡YA ESTOY AQUÍ!!!
Miraba por la ventanilla del coche rumbo a Forks, todo
aquí era de lo más raro para mí, acostumbrada al sol de el centro de España
esto parecía deprimente, se parecía más a al norte, donde al pasar por un túnel
te encontrabas con que al otro lado había una vegetación verde y exuberante.
Aunque lo de aquí era pasarse, era como si todo estuviese iluminado por una luz
fosforescente de esas que te hacen ver las cosas de otros colores y no puedes
percibir como son en realidad. Parece que Alice se dio cuenta de mi
desconcierto porque me pregunto:
-Esto es diferente a tu país ¿verdad?
-No te lo puedes ni imaginar, donde yo vivo no hay
verde por ninguna parte, todo es árido; aunque tampoco todo es árido, dado que
vivo en el centro de una cuidad, asique prácticamente todo es asfaltado.
-Bueno pues espero que esto te guste, porque es lo que
veras en un año, puede que dos si decides quedarte hasta terminar tus estudios
de secundaria.
-Eso es lo que tenía pensado y además ya me ofrecieron
una beca para los años que me quedan.
-¡Eso es genial! Tengo que enseñarte todo esto en
cuanto lleguemos, te encantará Forks, no es el pueblo más concurrido del mundo
pero es bonito- recalcó Alice con efusividad.
-Ten cuidado antes de aceptar su propuesta puedes morir
al salir con Alice, te lo digo por experiencia; y no se te ocurra aceptar salir
de compras con ella... eso si que es mortal- dijo Edward con cara de susto
mientras le hacía burla a su hermana, la cual le sacó la lengua.
-No le hagas caso Bella es que es un blandengue.
-¿Blandengue? Estuvimos siete horas dando vueltas de
tienda en tienda y encima te tuve que llevar las bolsas, eso es más bien ser un
superviviente.
-Eso no te lo crees no tu, te apuesto algo a que no
eres capaz de aguantarlo otra vez- le retó Alice.
-Esta vez no voy a caer, no pienso apostar nada porque
no pienso ir de comparas contigo otra vez.
-Ves lo que yo decía Bella, un blandengue.
-¡Que no soy un blandengue!
-Niños, dejadlo ya vais a asustar a Bella, además ya
casi llegamos.
Estaba tan metida en la su riña tan tonta, que no me
di cuenta que a lo lejos se podía divisar la silueta de un pueblo delineada por
las primeras horas de la mañana.
Estaba muy nerviosa, ¡por fin había llegado!, no me lo
podía creer iba a ver mi sueño hecho realidad en tan solo unos minutos. Hice
nota mentalmente de llamar a mi primo para decirle que había llegado en cuanto
me acomodara en donde se supone que debería alojar. Me dijeron que debería
vivir con una familia de Forks, no me dijeron su nombre porque aun no lo sabían
con exactitud pero en cuanto llegara me lo confirmarían.
Ya estábamos entrando a Forks y Alice me iba señalando
cada lugar que había por las calles, que a decir verdad eran muy pocos, esto
era una miga comparado con Madrid, donde te encontrabas un bar, una tienda y un
hotel en cada esquina, todo ello rodeado de pisos.
-Bueno Bella ¿dónde tenemos que llevarte?- me pregunto
el padre de Alice y Edward, Carlisle.
-Me dijeron que en cuanto llegara me dirigiera a la
Escuela de Arte, allí me dirían donde me quedaría.
-De acuerdo pues allá vamos.
Cruzamos todo el pueblo y salimos a una carretera mal
asfaltada que se alejaba del pueblo. No tardamos mucho en llegar, puede
que unos cinco minutos en esa carretera y ya se veía la Escuela de Arte en todo
su esplendor. Era un edificio antiguo de cuatro plantas, se notaba que era
amplio y daba aspecto de acogedor. En la fachada había un balcón, puede que
fuese una casa antes que escuela, y ventanales muy amplios que dejaban entre
ver el interior de unos pasillos anchos u alguna que otra escalera. A la
entrada había un aparcamiento con tan solo unos pocos coches cerca de la
entrada al edificio. Los Carlisle aparcó el coche y nos bajamos, yo seguía
embobada mirando el edificio con los ojos como platos.
Salieron un par de personas de dentro del edificio y
les presté atención, eran un hombre y una mujer; el hombre era corpulento y con
una más que notable barriga que tensaba su traje de ralla diplomática, tenía
una cálida sonrisa en su rostro. Su cabello era negro, y aunque no tenía canas
se le notaba el inicio de unas entradas. La mujer por su parte era bastante
bajita y su color de pelo, granate, era muy poco natural; vestía una falda
negra sencilla que le marcaba la figura y una rebeca naranja. Los dos se apresuraron
a nosotros.
-Hola Isabella, veo que has conocido a los Cullen,
¿cómo es eso Carlisle?
-Edward la conoció en el avión y la invitamos a venir
con nosotros a al saber que se dirigía a Forks.
-Muy bien, bueno Isabella...
-Llámeme mejor Bella por favor-repliqué.
-De acuerdo, Bella, ahora tienes que venir conmigo,
¡oh! perdón no me he presentado, soy Vincent Lair, el director de esta Escuela
de Arte, y ella es Amelie Flaubert, tu futura profesora de dibujo. Bueno como
te iba diciendo tienes que pasar a rellanar unos informes para completar tu
documentación y en unos momentos llagarán los Hale, te quedarás con ellos este
tiempo, son una familia muy amable estoy seguro de que te agradarán.
-Gracias-dije tímidamente.
-Bueno, adiós Bella ya no veremos, Rosalie y Jasper
Hale son nuestros amigos, asique supongo que nos veremos de seguido- me dijo
Alice con una sonrisa, yo al menos me alegraba de que Alice los conociera, me
caía muy bien y me hubiese dado pena verla solo en la escuela.
-Me alegro, así al menos veremos.
-Adiós Bella, pásate por nuestra casa cuando quieras-
dijo Edward antes de que Alice pudiera decir nada más y me dio un abrazo,
durante ese momento se me desconectó totalmente la mente.
-Adiós cariño, y suerte.
Fui vagamente consciente de la despedida de Esme y
Carlisle. Yo solo sonreí y seguí al director dentro del edificio.
SE AGRADECEN LOS COMENTARIOS
No hay comentarios:
Publicar un comentario