jueves, 29 de marzo de 2012

Sueños. Ya estoy aquí!


¡¡¡YA ESTOY AQUÍ!!!

Miraba por la ventanilla del coche rumbo a Forks, todo aquí era de lo más raro para mí, acostumbrada al sol de el centro de España esto parecía deprimente, se parecía más a al norte, donde al pasar por un túnel te encontrabas con que al otro lado había una vegetación verde y exuberante. Aunque lo de aquí era pasarse, era como si todo estuviese iluminado por una luz fosforescente de esas que te hacen ver las cosas de otros colores y no puedes percibir como son en realidad. Parece que Alice se dio cuenta de mi desconcierto porque me pregunto:
-Esto es diferente a tu país ¿verdad?
-No te lo puedes ni imaginar, donde yo vivo no hay verde por ninguna parte, todo es árido; aunque tampoco todo es árido, dado que vivo en el centro de una cuidad, asique prácticamente todo es asfaltado.
-Bueno pues espero que esto te guste, porque es lo que veras en un año, puede que dos si decides quedarte hasta terminar tus estudios de secundaria.
-Eso es lo que tenía pensado y además ya me ofrecieron una beca para los años que me quedan.
-¡Eso es genial! Tengo que enseñarte todo esto en cuanto lleguemos, te encantará Forks, no es el pueblo más concurrido del mundo pero es bonito- recalcó Alice con efusividad.
-Ten cuidado antes de aceptar su propuesta puedes morir al salir con Alice, te lo digo por experiencia; y no se te ocurra aceptar salir de compras con ella... eso si que es mortal- dijo Edward con cara de susto mientras le hacía burla a su hermana, la cual le sacó la lengua.
-No le hagas caso Bella es que es un blandengue.
-¿Blandengue? Estuvimos siete horas dando vueltas de tienda en tienda y encima te tuve que llevar las bolsas, eso es más bien ser un superviviente.
-Eso no te lo crees no tu, te apuesto algo a que no eres capaz de aguantarlo otra vez- le retó Alice.
-Esta vez no voy a caer, no pienso apostar nada porque no pienso ir de comparas contigo otra vez.
-Ves lo que yo decía Bella, un blandengue.
-¡Que no soy un blandengue!
-Niños, dejadlo ya vais a asustar a Bella, además ya casi llegamos.
Estaba tan metida en la su riña tan tonta, que no me di cuenta que a lo lejos se podía divisar la silueta de un pueblo delineada por las primeras horas de la mañana. 
Estaba muy nerviosa, ¡por fin había llegado!, no me lo podía creer iba a ver mi sueño hecho realidad en tan solo unos minutos. Hice nota mentalmente de llamar a mi primo para decirle que había llegado en cuanto me acomodara en donde se supone que debería alojar. Me dijeron que debería vivir con una familia de Forks, no me dijeron su nombre porque aun no lo sabían con exactitud pero en cuanto llegara me lo confirmarían.
Ya estábamos entrando a Forks y Alice me iba señalando cada lugar que había por las calles, que a decir verdad eran muy pocos, esto era una miga comparado con Madrid, donde te encontrabas un bar, una tienda y un hotel en cada esquina, todo ello rodeado de pisos.
-Bueno Bella ¿dónde tenemos que llevarte?- me pregunto el padre de Alice y Edward, Carlisle.
-Me dijeron que en cuanto llegara me dirigiera a la Escuela de Arte, allí me dirían donde me quedaría.
-De acuerdo pues allá vamos.
Cruzamos todo el pueblo y salimos a una carretera mal asfaltada  que se alejaba del pueblo. No tardamos mucho en llegar, puede que unos cinco minutos en esa carretera y ya se veía la Escuela de Arte en todo su esplendor. Era un edificio antiguo de cuatro plantas, se notaba que era amplio y daba aspecto de acogedor. En la fachada había un balcón, puede que fuese una casa antes que escuela, y ventanales muy amplios que dejaban entre ver el interior de unos pasillos anchos u alguna que otra escalera. A la entrada había un aparcamiento con tan solo unos pocos coches cerca de la entrada al edificio. Los Carlisle aparcó el coche y nos bajamos, yo seguía embobada mirando el edificio con los ojos como platos. 
Salieron un par de personas de dentro del edificio y les presté atención, eran un hombre y una mujer; el hombre era corpulento y con una más que notable barriga que tensaba su traje de ralla diplomática, tenía una cálida sonrisa en su rostro. Su cabello era negro, y aunque no tenía canas se le notaba el inicio de unas entradas. La mujer por su parte era bastante bajita y su color de pelo, granate, era muy poco natural; vestía una falda negra sencilla que le marcaba la figura y una rebeca naranja. Los dos se apresuraron a nosotros.
-Hola Isabella, veo que has conocido a los Cullen, ¿cómo es eso Carlisle?
-Edward la conoció en el avión y la invitamos a venir con nosotros a al saber que se dirigía a Forks.
-Muy bien, bueno Isabella...
-Llámeme mejor Bella por favor-repliqué.
-De acuerdo, Bella, ahora tienes que venir conmigo, ¡oh! perdón no me he presentado, soy Vincent Lair, el director de esta Escuela de Arte, y ella es Amelie Flaubert, tu futura profesora de dibujo. Bueno como te iba diciendo tienes que pasar a rellanar unos informes para completar tu documentación y en unos momentos llagarán los Hale, te quedarás con ellos este tiempo, son una familia muy amable estoy seguro de que te agradarán.
-Gracias-dije tímidamente.
-Bueno, adiós Bella ya no veremos, Rosalie y Jasper Hale son nuestros amigos, asique supongo que nos veremos de seguido- me dijo Alice con una sonrisa, yo al menos me alegraba de que Alice los conociera, me caía muy bien y me hubiese dado pena verla solo en la escuela.
-Me alegro, así al menos veremos.
-Adiós Bella, pásate por nuestra casa cuando quieras- dijo Edward antes de que Alice pudiera decir nada más y me dio un abrazo, durante ese momento se me desconectó totalmente la mente.
-Adiós cariño, y suerte. 
Fui vagamente consciente de la despedida de Esme y Carlisle. Yo solo sonreí y seguí al director dentro del edificio.

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