miércoles, 28 de marzo de 2012

My mision is you 2


Desde que habíamos llegado al bar Alice me miraba con una mirada pícara. Estábamos sentados en silencio bebiéndonos unas cervezas. Alice y Jasper estaban sentados frente Edward y yo. Y desde que llegamos el ambiente estaba un poco tenso. Cuando llegamos al bar, Alice solo nos miró con una sonrisa y se metió dentro con Jasper detrás de ella. Algo muy extraño, bueno extraño para ser Alice; cuando alguien llegaba tarde alguna vez tenía que prepararse para una charla sobre la puntualidad de parte de Alice, y todo lo que podían haber hecho en el tiempo que había tenido que esperar.
Y eso nos dejaba a nosotros cuatro aquí, sin saber de qué hablar. De repente a Alice se le iluminó la cara, “mala señal” pensé.
-Está sonando mi canción favorita. Vamos Jasper, levántate tenemos que bailar.
La cara de Jasper en ese momento daba risa. Sabía perfectamente que él odiaba bailar. Pero no se pudo negar a la cara de Alice y salió con ella al centro del bar para bailar la canción lenta que sonaba. Miré a Edward y este tenía una sonrisa idéntica a la de su hermana en la cara. Se giró a mirarme, y señaló al centro del bar para después ofrecerme su mano.
-¡Oh! No, ni se te ocurra pensar que voy a salir a bailar. Seguro que antes de poner un pie en la pista, ya me lo he torcido.- me negaba en redondo a hacer el ridículo ante un número considerable de personas.
-Vamos, Bella. Será divertido, ya lo verás.
Y, yo, así como antes no se había podido negar Jasper, me dirigía de la mano de Edward al centro de la sala para bailar. Me fijé en que Alice y Jasper bailaban muy pegados en un extremo de la pista. Edward tiró de mi mano al centro de la pista y se giró para quedarse frente a mí y tomarme de la cintura. Empezamos a bailar.
-¿Ves como nos es para tanto?.- me dijo con su estúpida sonrisa, así que giré mi cara para no encontrarme con sus ojos.- jajajajajaja, no te enfades, Bella. Sabes que te lo estás pasando bien.
Le volvía mirar a los ojos. Edward tenía razón, la noche no había empezado tan mal como había pensado en un primer momento. Puse mis manos alrededor del cuello de Edward y nos dejamos guiar por la música. Estábamos en nuestra pequeña burbuja. No nos dimos cuenta siquiera de que habían cambiado de canción e íbamos fuera de ritmo.
Miré a Edward. Bailaba con los ojos cerrados y los labios entreabiertos. Me dieron unas ganas irracionales de besarle, como nos habíamos besado en mi casa. Abrió un poco más los labios como si me pudiera leer los pensamientos. Y entonces me di cuenta de que tenía los ojos abiertos y me miraba como yo a él. Recordé su promesa en mi casa, y justo en ese momento volvió a inclinarse para darme un dulce beso en los labios. Pero me quedé con ganas de más e intenté atraerle de nuevo a mi cara con mis manos.
-Poco a poco, Bella, poco a poco. Recuerda que te prometí mostrarte lo importante que eres para mí. Tú no eres como el resto de las chicas, Bella. Tú eres la única excepción, la única que ve algo más detrás de mi cuerpo. Eres especial.
Juró que en ese momento quise llorar. Si hubiese sabido que Edward podía llegar a ser así no lo habría evitado todos estos años. “Puede que solo esté actuando”. No, no creo que esa vez estuviera mintiendo. Seguimos meciéndonos con la música de fondo. Hasta que Alice vino a sacarnos de nuestra burbuja.
-Adiós, Jasper y yo ya nos vamos. Es muy tarde y mañana tengo que salir de compras con Esme.- Esme era la madre de Edward y Alice- me dijo que la tenía que acompañar a comprar cosas para redecorar la casa.
-Adiós, Alice.- dijimos al unísono, todavía estábamos un poco descolocados.
-¿Quieres que te lleve ya a tu casa?.- me preguntó Edward.
Asentí y salimos fuera a montarnos al coche. Imaginad nuestra sorpresa al ver que este tenía las ruedas pinchadas. No había ni una en buen estado, tendríamos que ir a pie, claro que no me acordaba de que Edward adora su coche, para él es como un hijo, plateado y que corre a gran velocidad, pero un hijo al fin y al cabo.
-¡NOOOOOO! ¿Qué te han hecho? Malditos gamberros, me las van a pagar cuando les coja, se van a enterar…
-Tranquilo, Edward. Solo es un coche, llama a la grúa y nos vamos andando a casa.
-¿Solo un coche? No es solo un coche, es MI coche.- y ahí empezamos otra vez con la histeria.
Pero le conseguí calmar, llamó a la grúa y tuvimos que ir a pie a nuestras casas. Por suerte, Edward vivía a solo unas pocas manzanas de donde vivo yo y no me tenía que ir sola a casa. Caminamos en silencio por las calles desiertas de Seattle.
-Bueno, hasta mañana, Bella.- me dijo Edward cuando llegamos a mi casa, pero parecía que no se quería ir, porque no hizo ademán de alejarse por la calle. Y creo que yo tampoco quería que se fuera.
-Aún es pronto, si quieres puedes pasar dentro, y, no sé, podemos hacer algo, jugar al Trivial…
No tuve que insistir mucho, y pronto estábamos en mi salón, sentados en el suelo junto a la mesita de café. En vez de jugar al Trivial, había sacado un helado y nos lo estábamos comiendo mientras conversábamos. Estaba gratamente impresionada de cómo había cambiado nuestra relación en tan solo unas pocas horas.
-Tengo una idea.- dijo Edward- juguemos a las diez preguntas.
-Vale, empiezo yo. ¿Cuál es tu película favorita?.- la verdad es que no se me ocurría nada más.
-¿Solo te interesa eso? ¿No quieres saber ninguno de mis secretos?
-Limítate a contestar Edward.
-Está bien, no tengo una película favorita. Pero me gustan mucho las de Tim Burton, todo ese tenebrismo que da a sus historias. Hasta Alicia en el país de la maravillas, tenía un toque tétrico.
-Umm, interesante.
-Yo soy mucho más que solo interesante muñeca.- dicho esto, me guiñó un ojo. No pude evitar reírme. Un Edward chistoso es mucho mejor que uno arrogante- pero no hablemos más de mí, ahora me toca decir mi pregunta… ¿comida favorita?
-¿Solo te interesa eso? ¿No quieres saber ninguno de mis secretos?,- contesté imitando su voz.
-Me interesan mucho, pero prefiero empezar suave.
-De acuerdo, mi comida favorita es la mejicana y toda aquella que tenga picante, como los kebabs.- “Umm, kebabs”
-No sabía que fueras tan atrevida, Bella.
-Soy eso y mucho más. Y ahora me toca preguntar a mí, ¿cuál es tu afición favorita?
-Así que empezamos con los secretos. Pues bien, mi afición favorita es tocar el piano.- valla, no me esperaba eso.- Mis padres me apuntaron cuando tenía cuatro años. No es por presumir, pero tengo que admitir que se me da bastante bien.
-Arrogante.- dije en son de broma.
-Haré como que no he oído eso. Y, por si no lo sabes, me toca a mí ahora. ¿Cuántos novios has tenido?
-Cinco: Mike, James, Alex, William y Peter.- ya estaba preparada para esa pregunta si era que venía.
-¿Cinco? Y yo que pensaba que eras más tradicional respecto a ese aspecto.
-¿A qué aspecto te refieres?
-No sé, te tomaba por alguien a quien le gustan las relaciones a largo plazo.
-¿Y quién dice que no tuve relaciones a largo plazo con todos ellos?.- le contesté con una sonrisa de suficiencia.
-¿Fue así?
-¿Eso es una nueva pregunta?
-Supongo que sí.
-Mike fue mi primer novio, salimos juntos en el instituto, no duró mucho, dos meses. Hasta Peter el resto fueron más o menos igual de duraderos, pero con Peter estuve seis meses, fue en la universidad, pero un día lo encontré en su cama con otra chica. Un golpe duro, desde ese día no han sido más que relaciones esporádicas.
-Ya me acuerdo, el imbécil ese que salía alguna vez con nosotros. No me caía nada bien.
-Ya tienes tu respuesta. Ahora, si me permites es mi turno de pregunta, y es doble. ¿Cuántas novias has tenido? Recuerda que has empezado tú con todo esto.
-Veamos, una.
-¿Una? Si claro, y yo me tengo que creer eso.
-No te lo creas si no quieres, pero es la verdad.
-Digamos que te creo, ¿cómo se llamaba?
-Bella.
-Dime.
-No, la chica se llamaba Bella.- dijo Edward mirándome directo a los ojos.- Tengo un recuerdo muy nítido de el campamento de las cascadas, y hasta un video si deseas verlo, en el que te pido que salgas conmigo y tu aceptas. Así, básicamente tú has sido mi única novia hasta la fecha. Nunca se lo he pedido a ninguna otra, y las que se han autoproclamado mi novia, estaban en un error. Supongo que eso sube tu número a seis.
-Eso solo sería un juego de niños, Edward. No vale. Ni siquiera me acuerdo de eso.
-Para mí no fue un juego, Bella.- “upps, vale, creo que está hablando enserio”.- Y yo sí me acuerdo, fue justo antes de que terminara el campamento. Te dije que me gustaría que fueses mi novia, aceptaste y prometiste ir a visitarme algún día, cosa que nunca pasó. Estuve meses deprimido, esperando a que llamases a la puerta. No se puede tener todo.- dijo Edward con tono triste.
-No recuerdo nada de eso, Edward. Y creo que hubiese sido imposible que te visitase, no creo que a mi madre le hubiera hecho mucha gracia llevarme hasta quien sabe donde para visitar a un chico que supuestamente era mi novio con solo once años.
-Supongo, pero…
-¿Pero qué?
-Pero, me pregunto cómo hubiese sido de diferente nuestra relación, en estos momentos, si, no sé, si te hubieses acordado de mí y hubieses ido a visitarme algún día.- dijo con un tono de voz dulce.
-Ojalá no tuviésemos que preguntarnos eso.
-Podemos cambiar la historia, podría volver a pedirte que fueses mi novia en este momento.- dijo mientras se iba cercando a mí lentamente.
-También, podemos dejar la historia como está, jugar con el tiempo es peligroso.- dijo con voz temblorosa, alejándome cada vez que él se acercaba a mí.
-Sería una pena no aprovechar las segundas oportunidades, Bella. ¿No crees?
Y en ese momento el juego de las preguntas quedó en el olvido. Volvimos a estar como al principio de la noche, mismo sofá, misma posición, mismo calor.
Los labios de Edward se estrellaban contra los míos desesperadamente, y sus manos recorrían todo mi cuerpo, al igual que las mías el suyo. Sus manos volvieron a bajar la cremallera de mi vestido y me lo sacó por la cabeza, quedando olvidado en un rincón del salón. Yo no me quedé atrás y le saqué su camiseta, que también salió volando. Recorrí los músculos de su torso con el dedo, desde los pectorales hasta los abdominales, para llegar hasta la hebilla de su cinturón. Para ese momento, Edward estaba temblando, su respiración se aceleró de repente mientras yo le desabrochaba el pantalón. Sin esperar más, me cogió y yo envolví mis piernas en su cintura, mientras lo dirigía a mi cuarto. Me dejó en la cama y se tumbó encima de mí, dejándome sentir todo su cuerpo presionando el mío. Todo era pasión, fuego en nuestras venas, que nos quemaba por dentro y nos hacía volvernos locos el uno por el otro. Le bajé los pantalones, y así quedamos en igualdad de condiciones. Estábamos ambos en ropa interior, tumbados en mi cama, con la respiración agitada.
-¿Estás segura? No quiero que pienses que te utilizo, Bella. Ya te dije que eres importante para mí.
-Sí, estoy segura.
Desde ese momento sobraron las palabras. Edward era salvaje y delicado a la vez, me tocaba como si me fuera a romper con un simple roce, era dulce. Nos fuimos despojando lentamente el uno al otro de la poca ropa que nos quedaba. Estábamos desnudos, tumbados de lado uno frente al otro. Volví a reclamar los labios de Edward, que nos giró lentamente para quedar él entre mis piernas. Nos dejamos de besar, y fue cuando lo sentí adentrarse en mi interior, lentamente. Ambos gemimos cuando estuvo completamente dentro. Me moví un poco para indicarle que empezara a moverse. Y lo hizo, vamos que si lo hizo, creía haber muerto y estar en el cielo.
Pronto cogimos un ritmo veloz, y nuestros gemidos se hicieron más audibles. Yo le pedía que fuera más rápido, más fuerte; y así lo hacía. No creía poder aguantar más, y Edward también lo notó, porque aumentó el ritmo de sus embestidas. Ya no eran coordinadas, era un ritmo desenfrenado. Y me dejé llevar.
Llegamos al clímax al mismo tiempo. Edward se dejó caer a mi lado y nos entregamos al sueño abrazados.

SE AGRADECEN COMENTARIOS. GRACIAS




No hay comentarios:

Publicar un comentario