PRESENTACIONES
Cuando salía del avión no pude evitar que un
sentimiento de añoranza me embargara. Nunca había estado en otro país, y menos
sola, lo que se traduce "sin mi primo". El siempre me había cuidado
desde que era pequeña y no estaba segura de que no verle se me iba a hacer
duro, pero no hay compensaciones sin sacrificios,¿no?. Yo sacrificaba su
infinita protección por una beca de arte, le llamaría todas las semanas, o al
menos eso era lo que le había prometido al despedirme de él en el aeropuerto.
Juraría que había visto una lágrima caer por su mejilla, pero mi primo nunca
había llorado, ni siquiera cuando nos llevaron al orfanato y nos querían
separar, el solo agachó la cabeza dijo "no", una simple palabra por
la que le he admirado durante todo este tiempo, el siempre había sido fuerte
por los dos y ahora tendría que serlo por mi misma. Por otra parte me sentía
feliz de poder hacer realidad uno de mis muchos sueños. Sabía que con el tiempo
me acomodaría a ello, pero al principio me iba a doler un poco.
Estaba divagando en mis pensamientos mientras esperaba
a que pasaran mis maletas, y estaba tan concentrada que ni me enteré de que las
maletas pasaban delante de mis narices. Cuando reaccioné las maletas se
alejaban de mí y yo iba corriendo tras ellas arrasando lo que pillaba a mi
paso, gente, maletas,... Hasta que de repente estaba persiguiendo la nada y
miraba confundida a mi alrededor. Y ahí lo vi, detrás de mí, riéndose a
carcajadas y sosteniendo en sus manos mis maletas, lo miré ceñuda e intentó
contener la risa, con nefastos resultados. La risa le quedaba bien a su rostro
y aunque sabía que debía estar enfadad por reírse de mí no podía recordarlo con
mucha claridad.
-Lo siento, pero tenía que evitar que mataras a
alguien en tu arrolladora persecución.
-Puedes reírte de mí, mucha gente lo hace, por uno más
en la lista no va a pasar nada.
-Lo siento, yo... solo... quería a...ayudarte con las
maletas- dijo con una media sonrisa y cara de pena-¿me perdonas?
-De echo creo que hasta te agradezco que hayas cogido
las maletas, yo nunca las habría alcanzado con tanta gente por en medio, y
puede que hasta hubiese muerto en el intento- reí intentando quitarle
importancia al asunto.
-De verdad siento haberme reído de ti.
-No tiene importancia...
Nos quedamos en un silencio incómodo mientras
atravesábamos juntos las puertas de la zona donde se recogían las maletas. Le
lanzaba de vez en cuando una mirada intentando que no se me notara. Cuando
sonrió a alguien que tenía frente a él, y salió corriendo hacia una chica
bajita que lo recibió con los brazos abiertos y le apretó fuertemente. Yo me
acerqué lentamente para no interrumpir el reencuentro, cuando también se acercó
una pareja sonriendo, a la mujer se le saltaron unas pocas lágrimas cuando lo
abrazó. Me quedé en silencio mirando la escena a un par de metros cuando Edward
se giró hacia mí y me hizo una seña para que me acercase.
-Bella, te quiero presentar a mi familia. Mis padres
Esme y Carlisle y mi hermana Alice.
-Encanta- intenté decir con voz temblorosa.
-Lo mismo digo querida, pero... ¿quién eres
exactamente?
-Me llamo Isabella Swan...
Pero no pude continuar hablando porque la hermana de
Edward, Alice, gritó y me atrapó en un abrazo.
-Asique tu eres Isabella, en la escuela de arte nos
han hablado de ti. Dijeron que venías hoy pero no tenía ni idea de que cocieras
a Edward, ¿os conocisteis en España?, y tu ¿por qué no me dijiste que habías
conocido a una chica?
-Acabo de conocer a Bella, Alice, se sentó a mi lado
en el avión y cuando empezamos a hablar me dijo que iba a ir a estudiar a
Forks.
-Ammmm, y ¿por qué no me lo has dicho antes?
-Mejor déjalo Alice.
Yo los miraba un poco confundida, y Esme se devió de
dar cuenta porque me dijo:
-Tranquila cariño, Alice es así todo el tiempo.
Solo pude asentir ligeramente, y pensar en como iba a
llegar a Forks desde Port Angeles. Hasta que pensé que podía llegar en autobús.
-¿Sabéis cuando sale, y desde donde, el próximo
autobús hacia Forks?
-¿Cómo puedes pensar siquiera que te voy a dejar ir
sola en un autobús a Forks cuando puedes ir con nosotros?-me dijo Edawrd
fingiendo un enfado.
-No quiero molestar, prefiero en autobús.
-No nos molesta que vengas con nosotros Bella, tenemos
sitio de sobra en el coche para ti y tus maletas-replicó Carlisle con una
sonrisa.
Ante eso solo me quedó aceptar su amabilidad y
dirigirme con ellos hacia el aparcamiento.
Me senté entre Edward y Alice en el asiento trasero de
un Mercedes negro y muy amplio.
Mire por la ventana el camino que me llevaría a mi
nueva vida.
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