Algo me estaba iluminando directamente a los ojos. “Mierda de ventana” pensé. Poco a poco
fui abriendo los ojos, sin quererlo se me formó una sonrisa estúpida en el
rostro al recordar la noche anterior.
Me giré para observar a Edward mientras dormía, pero no
estaba en la cama. En su lugar me encontré una nota:
Bella, lo siento tenía que
arreglar unos asuntos. Me lo pasé genial anoche, espero que tú también. Te dejo
la nota porque no quiero que pienses que no me importó lo que sucedió y por eso
te quiero invitar a comer. Espérame en casa de Alice a la 1 y media, tengo que
llevarle unas cosas. Te veo allí.
Descansa,
besos.
Edward.
“Uff, no podía ser más
dulce”. Y pensar que
yo lo odiaba hace nada. Si alguien me hubiese dicho en la universidad que
íbamos a acabar así me habría reído en su cara; sin embargo ahora no me
imaginaba algo mejor que esto. Sabía que solo había sido un polvo de una noche, pero fue el mejor de
los que he tenido en mi vida, y tampoco se sentía como solo una noche. Ayer
experimente un gran desvelamiento para mi subconsciente, cada roce con el
cuerpo de Edward me provocaba un sensación indefinible, era como si mi cuerpo y
mi mente sintieran que era ahí donde quería estar, que era ahí donde debía
estar. Y yo quería sentir eso otra y otra vez, casi me atrevería a decir que
para siempre.
Miré la hora en el despertador de la mesilla de noche. Era
más tarde de lo que esperaba, apenas tenía una hora para arreglarme e irme a
casa de Alice andando. Sí, andando. Creo que no he mencionado que no tengo
coche, bueno lo tenía hasta finales del pasado año. Mi preciosa “Y vieja” camioneta, dio su último
suspiro en navidad. Pero en ese momento, eso no era lo que me importaba. En
quince minutos me duché, me peiné y comí algo ligero, no quería perder el apetito
en la comida. Y en estos momento me encontraba frente a mi armario abierto de
par en par, era la primera vez que me costaba tanto decidirme sobre que
ponerme. Normalmente me ponía lo primero que pillaba de un cajón, sin detenerme
a ver si combinaba o no. Pero hoy era diferente, tenía una especie de cita con
el hombre que me gustaba. También era verdad que Edward me veía todos los días
en la oficina, puede que ya estuviera acostumbrado a mi falta de estilo,
después de todo era otra característica que marcaba mi particular estilo.
Al final me decidí por unos pantalones claros y una camisa a
cuadros roja y morada que no me había puesto en algún tiempo.
Tenía el tiempo contado para llegar a casa de Alice. Salí de
casa con el bolso colgando de un hombro y andando deprisa con cuidado de no
tropezarme, cosa que pasó bastante. Al final llegué con tiempo suficiente a
casa de Alice, todavía quedaban cinco minutos para la hora que me había dicho
Edward. Llamé al telefonillo de la entrada.
-¿Quién es?.- preguntó la voz de Jasper.
-Soy yo, Bella. Abre.
Seguidamente sonó como
se abría la puerta. Pasé dentro del edificio y subí hasta su piso. Alice ya me
esperaba fuera de la puerta con una sonrisa de esas que dan miedo. Le devolví
una sonrisa temblorosa. Pasé por la puerta junta a ella, sin aún dirigirnos la
palabra. Sabía que no tardaría mucho en empezar a bombardearme con preguntas,
así que lo aproveché al máximo.
-¿Y bien?.- “y ahí
empezamos”.
-¿Y bien, qué?.- me hice la tonta.
-¿Cómo que qué, Bella? ¿Qué pasó anoche? Os vi besaron
mientras bailabais, no me lo puedes negar, lo vi con mis propios ojos, así que
no prepares ninguna escusa estúpida o intentes hacerme creer una mentira,
porque no va a colar.
-No me has dejado decir nada, Alice. Y, de todas formas, no
pensaba negarlo, sabes perfectamente que no sé mentir. Sí, nos besamos, ¿y qué?
No es para tanto, solo son cosas que pasan.- pensé que sería mejor no decirle
que nos habíamos acostado esa misma noche, sería mucho peor si lo supiera.
-Sí es para tanto, Bella. Siempre pensé que eran el uno para
el otro, pero…- me perdí el resto de su monólogo.
-¿Cómo que tú siempre lo pensaste?.- la corté de repente.
-Por favor, Bella. Eran muy obvios, ambos. Quizá Edward un
poco más, pero, admítelo, tú no le sacabas nunca los ojos de encima si podías.
¿Acaso no te dabas cuenta?
-No… ¿Edward me miraba?
-Como un tonto…
-Gracias por el adjetivo, hermanita.- dijo una voz que
conocía muy bien. Se me subieron los colores al rostro inmediatamente, no me
podía creer que hubiese tenido esa conversación delante de él. Quería
esconderme, o hacerme tan chiquitita que no se me pudiese ver fácilmente.
-Dame eso, ya lo coloco yo.- dijo Alice cogiendo la caja que
su hermano llevaba en las manos y guiñándole un ojo por el camino. Me quería morir.
Nos miramos a los ojos, ninguno de los dos se animaba a decir
algo.
-Hola.- dije tímidamente.
-Hola, estás preciosa.-dijo con una sonrisa mientras se
acercaba.
Me estrechó entre sus brazos y yo me dejé llevar, levanté mis
pies para poder besarle los labios. No se negó. Nos dimos un corto pero tierno
beso y seguimos abrazados.
-¿Nos vamos a comer antes de que Alice nos empiece a
preguntar cosas?
-Dirás antes de que te empiece a preguntar a ti, yo ya he
sufrido un pequeño interrogatorio por su parte. Pero, mejor vámonos lo antes
posible.
Me cogió de la mano, y tras gritar un simple adiós desde la
puerta bajamos las escaleras hacia la calle. No escuchamos a Alice gritar
nuestro nombre, mejor.
Me condujo hasta un coche negro en acera de enfrente. En ese momento
recordé que su coche había sido atacado
la noche anterior.
-¿De quién es el coche?.- le pregunté cuando estábamos rumbo
al restaurante.
-Mi padre me lo ha prestado hasta que pongan ruedas nuevas al
mío. A eso he ido esta mañana, fui con mi padre a recoger el coche y luego él
me dijo que cogiera el suyo. Se las apañarán con el de mi madre por un día.
Cambiando de tema, ¿qué tal has amanecido? Anoche te movías mucho y murmurabas
en sueños.
-Me he despertado muy cansada, puede que sea por lo que has
dicho o por cómo pasamos la noche, jajaja.- ni yo me creía haber dicho eso
delante de alguien, así que para que pasara desapercibido mi sonrojo, cambie de
tema.- ¿Y tú cómo amaneciste?
-Genial, estaba a tu lado ¿no? ¿Qué puede haber mejor que
eso?.- ahora sí que no podía pasar desapercibido mi sonrojo, un tomate era
pálido comparado conmigo.- No te sonrojes, Bella. Lo digo en serio, además eres
divertida mientras duermes. Hablas en sueños, cuando desperté estabas teniendo
una interesante conversación con, creo, Alice, fue muy entretenido saber tus
razones para no poder ir de compras a Tokio, según tú, tenías que llegar a
tiempo para ser el último relevo de las Olimpiadas y si viajabas con ella no te
daría tiempo a llegar a volver a Seattle, pues se celebraban aquí las
Olimpiadas, fue buenísimo oírte.
-No tiene gracia, Edward. Así que no te rías.- he de admitir
que en mi interior me estaba descojonando.
-Vamos, Bella, puedo ver por el rabillo del ojo que se te
escapa una sonrisa.
-Tú ganas.
-Mejor, porque acabamos de llegar y no quisiera que te
enfadaras conmigo en nuestra, digamos, primera cita. Si es que ayer no cuenta.
No supe que contestar a eso, así que solo sonreí y bajé del
coche cuando él me abrió la puerta. Me cogió de la mano y caminamos así hasta
la entrada. Era un sitio bonito, no era un lugar de esos que son demasiado
finos y caros. El metre nos acompañó a nuestra mesa en una esquina del
restaurante y nos dijo que enseguida nos traerían la carta.
-¿Te gusta el sitio?
-Me encanta, más si estoy contigo aquí.
-Entonces ¿te gusta más por la compañía que por el sitio en
general?.- dijo, pude notar un deje de esperanza en su voz.
-Podría ser.- vi como sonreía de manera arrogante.- No te
apresures, Edward, solo he dicho que puede.
-No me mientas, Bella. Sabes tan bien como yo que te encanta
estar conmigo.
En ese momento una camarera nos trajo la carta, mientras
miraba descaradamente a Edward.
-Hola, Edward. Cuanto tiempo sin verte.- eso sí que no me lo
esperaba.
-Hola, umm… Jessica.- dijo como con tono de pregunta.
-Soy Lauren, mi amiga se llama Jessica.- y se marchó muy
ofendida de allí.
Miré a Edward como pidiéndole una explicación, creo que me
merecía una explicación.
-No me mires así, Bella. No sabía que ella trabajaba aquí, si
lo hubiese sabido no te hubiese traído aquí, te lo aseguro.- parecía de verdad
arrepentido.- Quería que esto fuera especial, para los dos, que nada fuese mal.
-No te preocupes, no es tu culpa que ella trabaje aquí.
Además, creo que después de que no te acordaras de su nombre no volverá a pasar
por nuestra mesa.- le dije con una sonrisa. Y funcionó para subirle el ánimo,
se empezó a reír.
Miramos lo que queríamos de la carta. En seguida vino un camarero
nuevo a apuntar lo que queríamos. Seguimos hablando de cosas sin sentido y
trabajo hasta que nos trajeron la comida. Yo había pedido espaguetis y Edward
un bistec con patatas panaderas, su plato era gigante.
-¿Vas a poder con todo eso?
-Yo puedo con todo, cariño, recuérdalo.- me guiñó un ojo, y
no pude evitar sonrojarme. Y más aún con el hecho de cómo me había llamado.
Comimos un rato en silencio. Cuando terminé me quedé mirando
como comía Edward, era increíble que le cupiera tanto en el estómago,
antinatural.
-¿Qué?.- dijo con la boca llena, me había pillado mirándole,
tragó.- ¿Pasa algo?
-No, no pasa nada. Me lo estoy pasando genial. Tenemos que
salir a comer más veces juntos.
-Siempre que quieras.
Y entre pequeñas charlas terminó su plato y pedimos los
postres. Pedimos una tarta de chocolate para compartir. “Umm, chocolate” . Estaba delicioso. Noté como Edward me miraba
mientras comía.
-¿Tengo al en la cara?
-No, es solo… yo te quería preguntar una cosa.- dijo serio.
-¿De qué se trata?
-Yo… quería saber, ¿qué significó para ti lo de anoche?-
valla, esa no me la esperaba, me tomó desprevenida. No sabía que decir.- No te
preocupes no tienes por qué contestarme. Si no significó nada no te tienes que
sentir presionada ni nada de eso.
-Alice tiene razón, eres tonto. Claro que significó algo para
mí Edward, es solo que la pregunta me pilló de sorpresa, no pensaba que me
quisieras preguntar eso justamente. Además, no creo poder describirlo con
palabras, la noche pasada fue mágica… como nada que haya experimentado antes.
-Ufff, creo que eso me deja más tranquilo. Entonces, no creo
que tengas problema en que te pregunte otra cosa ¿no?
-Claro que no, ¿de qué se trata esta vez?
-Verás, el caso es que para mí también fue muy especial lo de
ayer. Y no quiero que esto e quede solo en una noche, Bella. Lo que yo quiero
es salir a contigo de la mano, ir a cenar juntos a casa de mis padres, aguantar
los reclamos de Alice por llegar tarde juntos, porque iremos juntos. Así que,
¿quieres ser mi novia, Bella? ¿Quieres que lo intentemos?
-Yo… cre-eeo que… sí.
Parecía que se me iba a salir la sonrisa de la cara. Edward
se inclinó en su silla para darme un profundo beso, sujetó de las mejillas y me
besó con desesperación, con ternura, con amor… era un cúmulo de sensaciones que
amenazaban con desbordar mi cuerpo.
-Ejem ejem, quita tus manos de mi hermana Cullen.- arggg, en
ese momento odiaba a Emmet. Nos separamos, ambos respirábamos agitadamente
juntamos nuestras frentes un momento y luego nos giramos a mirar a Emmet.
Estaba allí con Rose y Emma. La primera me miró con una sonrisa de suficiencia
y la segunda se tiró a mi regazo al grito de: ¡Tía Bells!
-Hola, pequeña. ¿Qué hacéis aquí?.- dije esto último mirando
a mi hermano.
-Venimos a pasar un día en familia. Pero todavía no hay mesas
libres. Así que… por lo que veo lo estáis pasando bastante bien ¿eh?
-¡Emmet!
-¿Qué? yo solo digo lo veo, y lo que he visto es a Cullen
metiéndole la lengua a mi hermanita, cuando sé perfectamente que se llevan mal
desde que se conocieron. ¿Qué me he perdido?- dijo mirando a Edward.
-Pues… eeeh… ¿muchas cosas? je je.
-Eso ya lo veo, pero que sea la última vez que te veo en esas
condiciones con mi hermanita, Edward.
-Emmet, ¿quieres dejarlo ya? Y, por supuesto que no verás más
veces así, es lo normal.
-¿Lo normal en qué?
-Lo normal en una relación que empieza.
La cara de Emmet y Rosalie fue para una foto. Ambos abrieron
la boca a la vez y se nos quedaron mirando como si no nos hubieran visto en su
vida. Edward y yo nos empezamos a reír, mientras que Emma nos miraba a los
cuatro sin entender nada.
Pedimos la cuenta y nos fuimos del restaurante despidiéndonos
de unos Emmet y Rose casi en estado de shock. Hoy fue un día bonito, esperaba
que lo que me esperaba fuese aún mejor. Lo que si tenía por segura era que
tendría que enfrentarme a Alice antes de lo esperado, en cuanto Rose saliera de
su sorpresa sería la primera a la que llamaría, así tendré que aprovechar mi
tiempo a solas con Edward al máximo.
-¿A dónde quieres que vallamos ahora?.- me preguntó.
-Me da igual, solo a un lugar donde Alice no nos pueda
encontrar fácilmente, quiero disfrutar lo que queda de día sin sus insistentes
preguntas. Ya se las contestaré mañana, pero hoy no tengo ganas.
-Conozco el lugar perfecto, hasta podemos ir andando si quieres.
-Vale, me apetece andar un rato, fuimos dados de la mano por
las calles. El restaurante estaba cerca del centro así que pasamos por los
sitios más concurridos de la ciudad. Me condujo por calles estrechas y al final
llegamos a un hermoso parque, era muy pequeño y estaba como escondido. Tan solo
había un par de personas, que como nosotros, buscaba tranquilidad.
-Ven.- tiró de mi hasta quedar bajo un árbol a sentarnos.
Apoyé mi cabeza sobre su pecho mientras estaba sentada entre su piernas.
-Esto es muy bonito, ¿cómo lo encontraste?
-Pura casualidad.- parecía que no iba a darme más
explicaciones por ahora. Nos sumimos en el silencio.
Empezó a besarme la nuca y el cuello, de repente empezó a
hacer más calor de lo que debería. Se me escapó un gemido bajo. Lo sentí
apretarse contra mí, de hecho lo pude sentir en todo su esplendor.
-Para, Edward. Aquí hay otras personas. Es un lugar público.
-Pues vámonos a mi casa. Es la que más cerca está.
Nos levantamos rápido y volvimos aún más rápido donde estaba
el coche.
Creo que el final de nuestro día iba a ser magnífico.
PERO ESO LO TEDREIS QUE VER EN EL SIGUIENTE CAPÍTULO.
GRACIAS POR LEERME.
COMENTEN!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario