Ya todo había pasado,
por fin podían ser libre. Libres de tener que huir siempre. Libres del miedo.
Libres para llorar a sus caídos. Libres de la guerra. Libres. Una sola palabra
que representaba algo tan grande. Sin embargo, había una persona que no se
sentía así.
Harry Potter se encontraba tumbado en su antigua cama con
doseles, podía escuchar la respiración de sus compañeros de cuarto, o al menos
de los que se encontraban allí. Solo Dean y Neville había subido al cuarto a
descansar, no sabía dónde estaba Ron, probablemente con su familia, pensaba, o
con Hermione. Estaba cansado, sentía como si su cuerpo pesara tres veces más de
lo que era. Pero no podía dormir, miraba el techo de la habitación imaginando
figuras con las sombras que se formaban con los rayos de sol que se colaban a
través de las rendijas de la ventana. Y pensaba, llevaba todo el rato dándole
vueltas al mismo asunto, siempre lo mismo. Era su culpa, por su culpa los
Weasley ya no volverían a ver Fred gastar una de sus bromas, por su culpa Colin
no volvería a seguirle con su cámara, por su culpa Teddy no tendría a sus
padres. Y se preguntaba si podría haber hecho algo, si tan solo se hubiera
entregado antes o las cosas hubieran sucedido de otra manera, todo por su
culpa, todo por haber sido un egoísta y no haber pensado en los demás cuando
decidió ir a Hogwarts. Todo eso le carcomía la conciencia, incluso si sus
amigos le habían dicho que nada era culpa suya, que él solo había ayudado a
terminar la guerra, que era un héroe, que ninguna de las muertes era su culpa,
no podía creerles.
Harto de estar tumbado sin hacer nada decidió levantarse y
dar un paseo por el lugar que siempre consideró su hogar. Había pasillos por
los que no se podía pasar debido a los escombros, otros tenían trozos de pared
derrumbados. Ya no era el mismo Hogwarts de antes. Sin darse cuenta, llegó ante
las puertas del Gran Comedor. Se debatió entre entrar o no, pues dentro se oían
voces y tenía miedo de lo que se pudiera encontrar tras esas puertas. Pero no
le dio tiempo a decidirse cuando las puertas se abrieron mostrando los rostros
de sus dos mejores amigos. Ron y Hermione venían de la mano, y se estaban
diciéndose algo al oído.
-Ho… ejem… Hola.- dijo con la voz ronca Harry. Estar tanto rato sin hablar le había dejado
la garganta seca.
Ron y Hermione se sobresaltaron al oír a Harry. Y se giraron
para dirigirse hacia él.
-Hola, Harry. Pensábamos que seguías durmiendo, nosotros nos
íbamos ya a descansar, mañana por la mañana empezarán con la reconstrucción y
queremos estar descansados para ayudar.- dijo Hermione por los dos.
-Yo, creo que me iré a dar una vuelta por los jardines.
Ron miró mal a Harry, y este al darse cuenta se sintió
culpable.
-No, Harry. Lo que vas a hacer va a ser entrar ahí dentro y
hablar con alguien a quien debes una explicación, ¿no crees?, no puedes
desaparecer por tanto tiempo y ni siquiera decir hola. Eso no está bien,
Harry.- le reprochó Ron.
-Yo… no sé ni cómo mirarla a la cara sin sentir que me odia.
No sé porqué tú no me odias, Ron. Deberías hacerlo, yo tengo la culpa de todo.
-Escúchame bien, Harry, porque solo te lo diré una vez. Tú
no tienes la culpa. Y si no me crees pasa ahí dentro y compruébalo por ti
mismo. Vamos, Hermione.- dijo arrastrando a Hermione de la mano en dirección a
las escaleras de mármol.
Y Harry se encontró de nuevo solo, mirando las puertas de
roble, con una batalla en su cabeza. Decidió ser valiente y enfrentarse a lo
que fuese que le esperaba para así no vivir en la incertidumbre más.
Abrió las puertas lentamente, no quedaba mucha gente ya.
Solo algunos familiares que se congregaban alrededor velando a sus seres
queridos perdidos durante la batalla. Localizó a los Weasley sentados en una
mesa, pero no estaban todos, pudo reconocer a George agachado frente al cuerpo
de su hermano gemelo. Se le partía el alma al verlo así, el siempre feliz
George, era como sí le hubiesen extirpado la chispa que tanto le caracterizaba,
a él y a su hermano.
Decidió darle su espacio, y se dirigió hacia donde el resto
de su familia se congregaba. Se detuvo detrás de ellos, sin saber que paso dar
después. Una cabeza se giró percatándose de su presencia, le miró directo en
los ojos, con sus profundos ojos color chocolate, más bellos de lo que podía
haber recordado y también con más dolor que nunca. Y de pronto, Harry recordó
la única razón que le quedaba para ser feliz, la razón por la que no se había
dado por vencido cuando sentía que no podía más y solo quería irse a su casa,
dejar de luchar, dejar que otro se encargara de lo que él tenía que hacer. Pero
solo pensar en la razón de su más absoluta felicidad le hacía sentirse
orgulloso de sí mismo por no haber dejado de luchar.
Ginny se despegó del hombro de su madre sin mover sus ojos
de los de Harry, como si se estuvieran atrayendo hacia un imán. Se levantó y
caminó a paso lento hasta llegar al lado de Harry, se quedaron frente a frente,
sin decir una palabra. Y, entonces fue como si una chispa los hiciera explotar
a ambos. Se lanzaron a los brazos del otro como si de una necesidad vital se
tratara. Se sujetaban con fuerza para no dejarse ir otra vez, nunca más.
-Lo siento, Ginny, lo siento tanto. Perdóname, por favor,
perdóname.
-No tengo nada que perdonarte, Harry. Tú no tienes la culpa
de nada, pero no vuelvas a hacerte el muerto nunca más.
-Te lo prometo.- dijo Harry. Aliviado al fin de la culpa que
le carcomía. Por fin estaba junto a lo que más le importaba.
Y justo como al comienzo de toda su historia, sin poder
detenerse a sí mismo la besó. Iniciaron un beso desesperado, ansiosos por estar
cerca el uno del otro, por demostrarse su amor.
-Ejem, ejem.- carraspeó alguien, y Harry y Ginny se separaron
abruptamente ante la inquisidora mirada del señor Weasley.
Harry no esperaba tener que lidiar con su suegro tan pronto,
pero le daba igual mientras Ginny estuviera a su lado. Le apretó la mano y
dieron un paso a delante a la vez dispuestos a escuchar todo lo que el señor
Weasley les quisiera decir. Juntos para siempre.
GRACIAS POR LEER.
SE AGRADECEN LOS COMENTARIOS.
:D
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